El Rincon De Osca
Septiembre 10, 2010, 10:40:08 am *
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Páginas: « 1 2   Ir Abajo
  Imprimir  
Autor Tema: Palabras que empiezan por " C"  (Leído 2449 veces)
0 Usuarios y 2 Visitantes están viendo este tema.
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #25 : Mayo 20, 2009, 01:54:27 pm »

CRÉDITO
 
¡Cuán lejos quedan los tiempos en que a las asignaturas se las llamaba disciplinas! A sólo unas décadas de distancia, parece que estemos hablando de un mito sobre una idealizada edad de oro de la enseñanza. En esa misma época, eran muchos los que le tenían tanto respeto (más que aversión) al estudio, que preferían trabajar; porque mucho más trabajoso encontraban el estudio que el trabajo. Tiempos en que tal cual lo inventaron los romanos, estudiar era poner todos los sentidos y todo el empeño en alcanzar un objetivo. Es natural que cuando cada uno vivía de su propio esfuerzo y disciplina, el ambiente escolar no podía ser el mismo que el de hoy, la época de los créditos. Éstos son de tan ínfima cuantía, que se conceden sin ningún aval, de ordinario sin garantías suficientes, y a cambio del mínimo esfuerzo.

¿De qué nos viene una extravagancia como la del crédito a sustituir algo tan sólido como la materia, la disciplina o en su último nombre la asignatura? Pues aunque parezca mentira, a adecuar el léxico a la nueva realidad pedagógica. ¿Qué es eso de asignarle a un alumno lo que tiene que estudiar? Si el gran objetivo de la modernidad es que cada alumno pueda hacerse su propio diseño curricular, hay que proscribir de la escuela todo lo que pueda ser tachado de impositivo y disciplinario. Por consiguiente en vez de asignaturas iguales para todos (¡horrible palabra y temible concepto!), hay que pasarse a los créditos para que cada uno se monte su propio “currículo”, a la medida de nadie sabe qué.
 
¿Y qué es en realidad un crédito? ¿A qué tipo de idea responde? Está claro que el concepto ha sido trasplantado del ámbito administrativo al académico. En cualquier caso, tanto si se trata de ser acreedor de algo, como si se trata de acreditar o bien de conceder un crédito, el punto de partida es siempre la fiabilidad. Tiene capacidad de acreditar quien es fiable y se concede cualquier clase de crédito a quien demuestra ser merecedor del mismo. Mientras uno no dé claras muestras de fiabilidad, no se le concede ningún crédito; porque al fin y al cabo el crédito es el acto que sigue a la fe que se tiene en aquel a quien se concede. Y pasándonos al ámbito académico, viene a resultar que a los estudiantes de generaciones anteriores, se les imponía con modos más bien duros lo que tenían que hacer, porque el sistema no confiaba en que por ellos mismos asumirían la dureza y la disciplina del estudio. En ese aspecto no se les concedía el menor crédito; las obligaciones eran tajantes.
 
Pero por lo visto las nuevas generaciones son merecedoras de todo crédito, son totalmente fiables; y así, en la seguridad de que cada uno sabrá mirar por sus intereses académicos, se les da una amplia opcionalidad y unas facilidades nunca antes imaginadas. Desaparece la antigua estructura de asignatura, tan insistente, tan exigente, para pasarse a esa cosa más volátil llamada crédito. Menos mal que igual que ocurrió en la anterior reforma, el profesorado le está dando la vuelta a ese sistema tan desmadejado para volver al concepto y a la praxis de las asignaturas. Como debe ser; porque cuanto menos se exige, menos se rinde. Y eso de la autoexigencia, está visto que no funciona.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #26 : Junio 11, 2009, 08:32:31 pm »

CURA

Hay nombres a los que cuesta encontrarles la explicación. Éste es uno de ellos. Le pasa como al ferrocarril metropolitano, que se quedó en metro, y el hablante se pregunta con toda la razón, qué tendrá que ver el metro, que los diccionarios nos dicen que es la unidad de medida de longitud, con el transporte público así llamado. Y para descubrirlo, hay que hacer un largo recorrido.

Al nombre de cura le pasa algo parecido. Por todos los indicios, es una de las piezas de un nombre más largo, que sería el de párroco con cura de almas, que se redujo al de cura párroco, todavía común en nuestra lengua. Si existe, en efecto, la denominación de "párroco con cura de almas", es porque existen también las sinecuras, es decir el oficio de párroco sin obligación de cuidarse de las almas de los feligreses. Hemos de empezar, pues, por definir la palabra párroco, de la que cura no es más que un complemento circunstancial de materia.

No está nada claro cuál es el origen de la palabra, que procede sin duda de la administración civil romana. Tres etimologías suelen darse: la primera lo hace proceder del griego paroikoV (pároikos), que tanto puede significar vecino como extranjero; formado por para (pará) = al lado, más oikoV (óikos), de la raíz que significa casa, habitar, etc. Es, pues, el que vive al lado.

La segunda lo hace proceder del latín parochos, del griego parecw (paréjo), que significa proveer, y era un cargo administrativo romano, cuya función era proveer a los magistrados en viaje, ser su anfitrión. La tercera etimología, muy próxima a la primera, le da a la palabra el valor original de colono o cultivador.

Teniendo en cuenta que la administración civil del imperio se encomendó a la Iglesia a partir del Edicto de Milán (313), con lo que la superposición de nombres y funciones civiles y eclesiásticas fue algo frecuente; y teniendo en cuenta que un párroco es según el espíritu del derecho canónico un auténtico funcionario de la Iglesia (la provisión de plazas se hacía por oposiciones no menos reglamentadas que las de funcionarios civiles del estado), no es descabellado pensar que una parroquia era una jurisdicción administrativa (un beneficio, que se decía en el lenguaje feudal) de carácter territorial, es decir un pequeño feudo con sus rentas, al que con el tiempo se ligó indisolublemente la cura de almas (a estos se les llamaba beneficios curados).

Son lo que empezó en el siglo III como beneficia (la concesión de tierras a los veteranos en pago por sus servicios) y acabaría evolucionando hacia el feudo. Y del mismo modo que las diócesis y abadías, que eran auténticos señoríos feudales llevaban aparejadas funciones espirituales, así también las parroquias, feudos menores sometidos al obispo, tuvieron que asumir la cura de almas. Recordemos que el besar la mano era un acto de homenaje debido al señor; a los párrocos se les debía este homenaje.

Respecto a cura hay que decir que en latín es tanto el sustantivo (cura, curae) como el imperativo del verbo curare (sing. cura; pl. curate). Todo el grupo léxico ha mantenido los significados de cuidar y cuidado, derivando en especial hacia la medicina (cura, curación, curandero) y hacia la conservación de alimentos, perdiéndose en cambio casi del todo el valor de cuidado genérico. Es de notar el concepto de curador (en el mismo ámbito de la tutela) relacionado con el de cura, que implica la minoría de edad de los feligreses y un cierto paternalismo.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #27 : Junio 16, 2009, 11:56:05 pm »

CONSENSO

Es evidente el cultismo, y es evidente también que lo que se pretende con él es ofrecer el aspecto más atrayente (¿no es lo mismo atractivo?) de la realidad. Está claro que no es lo mismo divertido que diverso, distinguido que distinto, consentido que consenso; y lo único que cambia, en fin de cuentas, es que el uno es participio regular y el otro irregular; y generalmente con la forma más culta (latinizante) se pretende vestir con elegancia una realidad que a simple vista no está de muy buen ver.

Sentio sentire sensum es el verbo latino del que está formada la palabra consenso; el prefijo con es evidente que es de compañía. Desde su mismo origen latino este verbo ha mantenido su significado original en torno al "estar de acuerdo", como consecuencia de "sentir lo mismo" respecto a algo, que es una forma más profunda de "pensar lo mismo". Pero la sabiduría popular le ha añadido, precisamente en su forma regular (la llamada técnicamente "vulgar") otros tres significados: "se aplica a la persona, particularmente un niño, demasiado mimado y al que se consiente demasiado que haga lo que quiere". Otra acepción: "demasiado tolerante". Y una tercera: "se aplica particularmente, como nombre y adjetivo, al marido que consiente las infidelidades de su mujer". Esta tercera acepción tiene un sinónimo popularísimo (vulgarísimo, hablando fino): cabrón, que define así el diccionario: "Se aplica al hombre a quien su mujer es infiel, particularmente cuando es con su consentimiento".

Y claro, cuando llegamos al consenso, tuvimos que pasarnos al verbo consensuar (barbarismo político que se resisten a admitir los diccionarios), para huir del más apropiado consentir, que hubiese levantado ampollas sobre lo que en realidad se hace cuando se "consensúa" (¡qué manera de torturar la lengua, por no querer llamar a las cosas por su nombre!). Porque claro, el consenso consiste más que nada en hacer que no te das cuenta de que te están levantando la camisa (que hoy llamamos camisón) con intenciones nada honestas, y tú como que no sientes nada; o de que se la están levantando a tu consorte, y tú como que ni te enteras. Vamos, algo tan antiguo como la humanidad. El patriarca Abraham obtuvo por estos procedimientos pingües beneficios. Y es que, al final, si no estás dispuesto a pelear por lo que es tuyo, el único recurso es consentir, o consensuar una detrás de otra, porque en esto, como en el rascar, todo es empezar.

La particularidad del consenso es que el consentidor es siempre el mismo, y el consentido también el mismo; y nunca jamás se cruzan los papeles. Al consentido o malcriado, cada vez hay que consentirle más; y si no se quiere bronca, hay que tratarle con pies de plomo para ni irritarle, no sea que te organice un auto sacramental. Y pasando a la otra acepción, pues lo mismo: quien ha decidido lucir una testa coronada, ya ha elegido su papel;no es fácil que lo cambie. Simplemente irá diciendo "no es lo que parece", aunque se le caiga la cabeza por el peso.

Mariano Arna
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #28 : Julio 05, 2009, 04:47:20 pm »

 CONVIVENCIA

Convivencia es de hecho la transcripción española del latín conviventia, neutro plural del participio presente del verbo convívere, una sustantivación que nunca emplearon los romanos, y que significaría "todo aquello que convive". Se trata por tanto de un neologismo culto que nunca hubiesen formado ellos porque se hubiese podido interpretar en cualquiera de los dos sentidos que tiene el verbo convívere y se hubiese prestado por tanto a toda clase de equívocos. En efecto, se echa de ver en esta palabra, que en Roma eran de religión única; aunque justo es decirlo, tan sincrética que agregaba sin mayor esfuerzo a su panteón (pan qewn / pan zeón =de todos los dioses) a los dioses vencidos, con sus ritos y misterios. Es que entre los castigos que infligían a los vencidos, no estaba el de quemarles totalmente las raíces. Algún misterio ha de haber en esta práctica, puesto que no fue exclusiva de los romanos.

Digo esto porque en latín están en paralelo el convidar y el convivir, tanto que comparten origen y significado. El verbo convivo, convívere, convixi, convictum está formado del prefijo de compañía cum, que significa "con", más el verbo vívere, que significa "vivir". Hasta aquí nada nuevo. Pero es que este mismo verbo se utiliza con igual legitimidad para expresar la acción de convivir, como la de comer juntamente o de acompañar a alguien en la mesa. Eso en la forma activa; pero es que el mismísimo verbo se adapta a la primera conjugación: convivo, convivare, preferentemente conjugado en voz deponente (equivalente a la voz media griega y a nuestros pronominales): convivor, convivaris, convivatus sum, convivari, con el significado de dar o aceptar una comida, banquetear; y conviva, del mismo origen, es el convidado.

Es decir que para los romanos el comer juntos formaba parte del vivir juntos, formaba parte de la convivencia (bien pensado, no sólo para los romanos, sino para cualquiera; ¿qué clase de convivencia sería esa en la que ni siquiera se coincide para comer?); o dicho en terminología religiosa, en la convivencia estaba implicada la comunión en su sentido estricto, es decir la participación en los mismos ritos y sacrificios, que en su mayoría (sobre todo los festivos) eran de comunión y se compartía por tanto en ellos la carne de las víctimas ofrecidas. Obviamente comulgan en un mismo rito, en una misma mesa sagrada, los que comulgan en una misma fe. La convivencia de estos tales es la más fácil y llevadera. Es asimismo la más primitiva, porque se necesita una cierta madurez colectiva para poder digerir sin empacharse otras comuniones y otras confesiones distintas de la propia. Bien diagnostica Nietzsche en su obra "Más allá del bien y del mal", que Alemania era una nación demasiado inmadura como para ser capaz de digerir la presencia de un pueblo tan hecho como el judío; que era capaz de convivir, pero no de comulgar con ellos; y pronostica que si no era capaz de superar ese temor irracional a los judíos, nacido de su inmadurez, las consecuencias serían sumamente graves. Y se cumplió la ominosa profecía.

El concepto latino de convivencia implica comulgar con el anfitrión, comer del mismo plato. El concepto democrático de convivencia se conforma con menos.

FUNDACIÓN AGUA DE MAR   www.aquamaris.org

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #29 : Julio 21, 2009, 11:49:32 pm »

CORRUPCIÓN

Dádivas quebrantan peñas Refranero

Rumpo, rúmpere, rupi, ruptum, romper; con el prefijo de intensidad con. Esa es la sustancia de la corrupción. Más simple y transparente, no podía ser. Luego, como parte del romper vendrá la corrupción inteligente del “divide y vencerás” que nos legaron los romanos en su divide et vinces. De hecho, desde que hay historia hay corrupción y traición. Con precios cada vez más subidos. Los 30 dineros ya no dan para nada. El que hoy besa y mañana traiciona al que tanto amaba, no se conforma con 30 monedas. De hecho todas las empresas de construcción que se benefician de contrataciones hechas con dinero público, tienen un deslumbrante departamento de corrupción con presupuestos ilimitados, cuya reina madre es el presidente de la compañía, que atiende con absoluta preferencia el protocolo que le marca este departamento.

Pero volvamos a la filosofía profunda de la corrupción: lo suyo es romper. No basta llegar a un ministerio, a una consejería o a una concejalía de obras públicas y sobornar al jefe. Eso es muy zafio. Cuesta relativamente poco dinero y por tanto es de eficacia muy limitada. Los corruptores inteligentes conocen el organigrama de los partidos, de los funcionarios y de los jueces, y a partir de ahí trazan sus bien estudiados planes de acción, empezando por actuaciones de apariencia inocente: “Estamos promocionando un nuevo polígono y como se hace siempre, los primeros chalés los vendemos más baratos, para que hagan de gancho”. Pero claro, como políticos e ingenuos que son, no se dan cuenta de que les venden exageradamente barato. Todo atado y bien atado, firmado y registrado. A partir de ahí el resto es coser y cantar.

El siguiente paso es diseñar precisamente la rotura de la organización a la que se corrompe, si se le ocurre romper la baraja. Si cae uno han de caer todos como las fichas del dominó. Por consiguiente hay que tener la paciencia de ponerlas todas en pie y colocarlas de modo que no les quede más remedio que mantenerse firmes en el puesto que les ha asignado el corruptor, si no quieren venirse todos abajo. No sólo eso, sino que cuando luego en unas primarias (ingenuidad de la que pronto se arrepintieron) fue elegido por las bases del partido para liderarlo, el aparato lo dejó solo y al final lo expelió, porque era un peligro para la cohesión interna. El partido estaba corrompido, es decir troceado por la corrupción, y no podían consentir que se desmembrase.

Es la institucionalización de la corrupción, que llega hasta la justicia, que no está hacha de una carne distinta de la del resto de los mortales. Ahí está el empeño que unos jueces ponen en destapar unas corrupciones y tapar otras; y el que otros jueces ponen en tapar las unas y destapar las otras.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #30 : Agosto 23, 2009, 10:18:07 pm »

 CORÁN

Del mismo modo que la Biblia (ta biblia / tá biblía) significa “los libros”, es decir el libro de los libros, el libro por excelencia, El Corán (el artículo forma parte del nombre) significa “la lectura” (en árabe al-Qur’an), dando a entender el nombre que se trata de la lectura por excelencia. En el diccionario de la Real Academia,  observa María Moliner, se cita siempre en la forma Alcorán, conforme con el uso general de los nombres árabes, que han pasado al español con su propio artículo adherido. En este caso la forma sin artículo guarda analogía con muchas otras palabras procedentes del árabe que lo han perdido: emir, califa, faquí…

Observemos que lectura y lección son lo mismo, y no sólo en nuestra lengua; es decir que son dos formas léxicas de una misma realidad. Si entendemos por tanto que “la lectura” es la lección, es la enseñanza, nos situaremos en el valor que tiene para los musulmanes el Corán. Es la fuente de toda enseñanza, a la que están obligados a recurrir asiduamente para conocer todo lo referente a la fe o al dogma; para cumplir sus deberes rituales y religiosos; para guiar su comportamiento moral; para alimentar su espíritu con toda clase de lecturas históricas, legendarias, sapienciales, proféticas, a imagen y semejanza de la Biblia, pero sin un orden aparente y con numerosas repeticiones. En realidad, como los respectivos nombres indican, la Biblia responde a una estructura de libros, mientras el Corán responde a una estructura de lecciones o capítulos de un solo libro concebido desde su primera redacción como una unidad.

Pero no es sólo una lección escuchada de boca del imán, sino también en muchas de sus partes aprendida y frecuentemente recitada por los fieles, que del mismo modo que en la liturgia cristiana se recitan los salmos, también en la islámica leen o recitan de memoria los textos coránicos en forma de salmodia, para recordar las palabras sagradas y para rendirles el culto que se merecen.

Los musulmanes consideran El Corán como su libro sagrado, inspirado a Mahoma por Alá (es el nombre genérico de dios en árabe; comparte con el hebreo el lexema El, que significa señor). Pero no salió directamente de la pluma del profeta, sino que el primer ejemplar apareció tras la muerte de éste, redactado por el califa Abu Béquer a partir de las declaraciones orales y los textos dispersos del secretario de Mahoma. Está dividido en 114 capítulos o Suras, cada uno con su título, exceptuado el primero, que tiene carácter de invocación. 1. He aquí el libro que no ofrece duda; él es la dirección de los que temen al Señor, dice el versículo primero de la segunda sura, titulada La Vaca. Y prosigue más adelante: 5. En cuanto a los infieles, les es igual que les hagas o no advertencias: no creerán. 6. Alá ha puesto un sello en sus corazones y en sus oídos; sus ojos están cubiertos por una venda y les espera el castigo cruel. 7. Hay hombres que dicen: creemos en Dios y en el día final; y, sin embargo, no son del número de los creyentes. 8. Procuran engañar a Alá y a los que creen; pero sólo se engañarán a sí mismos, y no lo comprenden. 9. Un achaque tiene su asiento en sus corazones, y Alá no hará más que acrecentarlo; les está reservado un doloroso castigo, porque han tratado de embusteros a los profetas. Como en la Biblia, hay lecturas tolerantes, y las hay radicales. Los partidarios de esta última son los que llevan la voz cantante.
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #31 : Agosto 30, 2009, 09:27:37 pm »

CELIBATO

Es un cultismo que se emplea casi exclusivamente en religión para designar el estado de soltería de los sacerdotes, religiosos y religiosas. Es un distintivo de la iglesia católica. Y es también quizá su mayor piedra de escándalo. Melior est nubere quam uri (Mejor es casarse que quemarse), decía san Pablo respecto al celibato. Si hay que quemarse, mejor es casarse, porque el celibato produce muchos quemados.

Del latín caelebs, caélibis deriva el cultismo “célibe”. Así llamaban los romanos al que no se casaba. El término tenía connotación negativa. En Roma, como en tantas otras culturas, la soltería estaba muy mal vista, e incluso penada. Pero no nos confundamos: se trata de la soltería de los ciudadanos, es decir de la élite dirigente, de los hombres libres. Los extranjeros y los esclavos eran cuestión aparte, tratada de forma muy distinta. Las leyes fiscales llegaron a presionar de forma muy considerable a los solteros para que no les saliera a cuenta seguir en ese estado, y aligeraban las cargas de las familias numerosas. Recordemos que los proletárii era en fin de cuentas la categoría fiscal de los que tenían muchos hijos y por ello quedaban exentos de impuestos. El estado se consideraba bien pagado con el esfuerzo económico que hacían esos ciudadanos por mantener a sus hijos.

Se desconoce el origen de caelebs: los lexicólogos tienden a relacionarlo con el griego koloboV (kólobos), que significa truncado, mutilado, acortado, incompleto, corto, recortado, bajo. Deriva del adjetivo koloV (kólos), que significa truncado, acortado; y con cuernos acortados o sin cuernos, refiriéndose a animales a los que les son propios los cuernos.

¿Cómo se llegó a la institución del celibato y a su gran prestigio, siendo como era un oprobio para el pueblo romano, por limitarnos a nuestra cultura? ¿Cómo es posible compatibilizar el máximo oprobio con el mayor prestigio? Aunque lo parezca, no hay contradicción entre ambas actitudes. Lo que hay es un cambio de sustrato social. Durante el descrédito del celibato, la sociedad romana estaba dividida en dos mundos de intereses contrapuestos: los privilegiados que gozaban de todos los derechos (los ciudadanos, los que acreditaban que eran Pópulus Romanus), y los otros, categoría que comprendía a los esclavos y a los extranjeros. La doctrina y las leyes sobre el celibato se referían sólo a los ciudadanos. Eran éstos, los señores, quienes estaban sujetos al deber cívico de casarse y reproducirse, porque si se permitían el lujo de disminuir en número mientras los otros crecían, se exponían a que en el mejor de los casos tuvieran que compartir sus privilegios con los estamentos oprimidos; y en el peor, a que los oprimidos ocuparan el papel de opresores.

Lo que ocurrió fue lo primero: al desaparecer la esclavitud y la extranjería, el derecho de matrimonio y de reproducción se extendió a toda la población. Eso provocó un crecimiento demográfico sin que hubiese un correlativo crecimiento de riquezas (en aquel momento eran tierras). Se imponía por tanto el celibato para reducir la reproducción. Y fueron los monasterios y la clerecía la gran reserva de célibes.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #32 : Septiembre 17, 2009, 06:34:41 pm »

  CIUDADANO

En latín al ciudadano individual lo llamaban civis (plural cives). Tal como de cívitas hemos derivado ciudad, el término civis no dejó herencia en nuestra lengua sino a través de su adjetivo derivado civilis (civil); derivados cultos todos ellos. Tenía la consideración de civis todo hombre o mujer que vivía al amparo del derecho de ciudadanía romana. En cuanto a la formación de la palabra es de observar que mientras en latín tiene la forma de nombre primitivo del que deriva el de ciudad, en español aparece ciudad como primitivo, y ciudadano como derivado. De ahí que por su aspecto léxico nos parezca en español que el fundamento de la ciudadanía sea la ciudad; es decir que el fundamento del derecho político es un elemento de geografía política. Pero lo realmente grave es que del falso fundamento léxico, hemos pasado al real fundamento político. Y ese cambio de protagonismo, esa usurpación de la titularidad del derecho de ciudadanía (=de los derechos políticos) a la comunidad de los ciudadanos para ponerla en manos de la ciudad (es decir del territorio y la radicación en él), le ha dado un revolcón a la filosofía política.   

Pero aún se encierra otro misterio en el origen y estructura de esta palabra: en latín la ciudadanía (la cívitas) es un nombre colectivo, y seguro que como tal se concibió, pero desde la individualidad, que nunca fue Roma sospechosa de comunismos ni colectivismos. Y así el origen léxico de la cívitas es el cives (el nombre primitivo). Y es posible que la jerarquía léxica sea un reflejo fiel de la filosofía práctica de los romanos. Tengamos presente que la cívitas romana nace de la familia, en la que el único cives per se  es el paterfamilias. Traducirlo “padre de familia”, que es lo que suena, sólo sirve para desorientar, porque el paterfamilias  era soberano absoluto en su minúsculo reino (la villa agrícola y ganadera, explotada con mano de obra esclava). El paterfamilias era sacerdote y rey (mal podía ejercer de padre), y por debajo de él todos eran esclavos. Su mujer legítima y sus hijos los podía vender y rescatar o cederlos en explotación y castigarlos físicamente y hasta matarlos igual que a los esclavos. 

Pues bien, son estos reyezuelos dedicados a ese régimen de explotación tan intensivo, los que deciden agruparse en una entidad superior para darles a sus actividades un giro copernicano. Dejan la villa a cargo del vílicus (el capataz o superintendente) y se trasladan a un hábitat fortificado, la urbe; y entre todos ellos forman una agrupación denominada cívitas. Es posible que fuese la inseguridad de sus villas y la necesidad de agruparse para defenderlas (y defenderse ellos, y contraatacar) el  determinante de este profundo cambio. 

Por eso vienen los propios etimologistas romanos a advertirnos (esa fue su convicción) que civis procede del verbo cieo, ciere, civi, citum que en sustancia significa convocar, poner en movimiento, agrupar, poner en marcha, impeler… (pensemos en sus derivados incitar, excitar, concitar). En fin, que la cívitas sería según esta etimología, la acción y el resultado de agrupar; y civis sería cada uno de los que forman parte de este agrupamiento. Colocados en esta perspectiva, suena aún más aberrante el haber traspasado al territorio, al lugar en que se concurre, los derechos de la concurrencia (es decir del conjunto de los reunidos); es absurdo que los derechos de ciudadanía nos vengan de la ciudad, y no de la voluntad de agrupación de cada uno de los ciudadanos.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #33 : Febrero 24, 2010, 09:43:39 pm »

 CATARSIS

Es una bella palabra que, tomada de la medicina, la puso en circulación Aristóteles con el significado ético-estético que actualmente tiene. El principio aristotélico de la catarsis viene a decir que la tragedia (la representación teatral) es muy útil porque los espectadores ven proyectadas en los actores sus bajas pasiones y sobre todo porque asisten al castigo que éstas merecen; de esta manera se produce en ellos un efecto purificador. Los espectadores mediante la contemplación de la tragedia y mediante su participación anímica en la misma, someten su espíritu a profundas conmociones que sirven para purgarlo. Cuando salen de participar en el duro castigo que el destino, y ellos con él, han infligido a los malvados, sienten su alma más limpia. Se sienten mejores ciudadanos. Esa es la virtualidad catártica que atribuyó Aristóteles a la tragedia.

KaqarsiV (kazársis) tenía dos niveles de significación: el físico-médico y el moral. En el plano físico significaba purificación, purga y poda; también llamaban catarsis a la regla. En el plano moral llamaban catarsis a la satisfacción o descanso por el cumplimiento del deber y a los ritos de purificación de los que se iniciaban en los misterios. Procede esta palabra de kaqaroV (kazarós), que significa limpio (de aquí derivará la palabra "cátaro"). KaqaroV kata to swma kai kata thn yuchn (kazarós katá to sóma kái katá tén psyjén), que decía Platón. Limpio de cuerpo y alma; la purificación se hacía mediante sacrificios lustrales. Kaqarma (kázarma) era la impureza, aquello que debía ser purificado, y lógicamente acabó llamándose así a la víctima que se sacrificaba para limpiar a alguien de sus pecados o impurezas. Los tres grandes elementos purificadores eran el agua, el fuego y la sangre. El más eficaz de todos, este último. Kaqarmon thV cwrhV poieisqai tina (kazarmón tés jóres poiéiszai tína) era sacrificar a alguien como víctima propiciatoria por el país.

Es lógico que cuando se tienen muchos pecados pendientes de lavar, se necesite una víctima con la que celebrar las ceremonias lustrales (según los más antiguos ritos) o una representación dramática mediante la cual los espectadores vacían en el protagonista el mal que tienen en sus espíritus y lo castigan con la misma dureza con que castigan los dioses. De esta manera celebran su catarsis colectiva. Ahora bien, para que esa catarsis sea eficaz se necesitan algunas condiciones rituales o dramáticas mínimas. Si se trata de ritual, es preciso que la víctima sea valiosa. A nadie se le hubiese ocurrido jamás ofrecer en un sacrificio lustral una víctima enferma o moribunda. Una víctima así, no sólo no tenía la virtud de lavar, sino que producía el efecto contrario. Y si se trataba de la catarsis mediante el drama, era imprescindible que el castigo de los dioses cayese sobre un protagonista en todo su vigor, capaz de desafiar al destino y a los propios dioses. De lo contrario, no se producía el deseado efecto purificador. La lógica interna de los sacrificios pide que la víctima represente el valor de la colectividad que quiere salvarse y purificarse. No tiene ninguna eficacia sacrificar los despojos: eso no lava, mancha.


Mariano Arnal   
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #34 : Marzo 27, 2010, 11:15:48 pm »

 CHANTAJE

Voy directo al Mª Moliner: (del fr. Chantage, de chanter, latín cantare. V. Cantar. Procedimiento para conseguir algo que se pretende de una persona  amenazándola, particularmente con la difamación, si no accede a ello. V. “tapar la boca” “coacción”. Ésta es ya una definición muy avanzada. Si vamos a la Espasa (tomo XVI, editado en 1913), leeremos: “Chantage (obsérvese que la grafía es aún francesa) m. Vocablo francés, muy usado ya en España, con el que se designa una estafa especial que consiste en exigir a una persona la entrega de una cantidad, bajo amenaza, en otro caso, de revelaciones escandalosas, verdaderas o falsas, que afecten a su honra o a la de su familia.” Si pasamos luego a cualquier diccionario francés, comprobaremos en efecto que la definición de chantage coincide puntualmente con la que da la Espasa.

Vemos pues que la sustancia del chantaje nace de su etimología y por tanto está en el cante. En el significado especial de revelación de secretos que tiene este verbo (coincidimos en esto con los franceses, por eso ha sido fácil la importación). El chantaje es posible porque el chantajista conoce algunos trapos sucios del chantajeado, y le amenaza con divulgarlos (“cantar”) si no se plega a sus exigencias. El chantajista le vende su silencio al chantajeado.

“Si no haces tal o tal cosa, canto”. Esa sería la fórmula sacramental del chantaje. Luego, probablemente por influencia del inglés, se ha ampliado la aplicación del término extendiéndolo a cualquier forma de coacción. Es evidente que en una negociación hay mecanismos de presión a veces suave y otras veces exagerada, que se ponen en juego. Si no hay presión, si no hay coacción, no hay negociación auténtica. ¿Es legítimo el uso del chantaje en las negociaciones? Lo será o no, pero se emplea con la misma profusión que las demás coacciones. Tanto es así, que ha venido a emplearse el término chantaje como sinónimo de coacción, que no lo es propiamente, sobre todo si atendemos a su etimología, tan evidente desde el español.

Decía que posiblemente sea el inglés el responsable de esta sinonimia fuera de lugar, porque en esta lengua sí que tienen un sinónimo exacto, blackmail, que se emplea legítimamente como sinónimo de coacción. El diccionario inglés webster’s recoge la palabra chantage, pero sin explicarla remite a blackmail. Es importante reseñar esto porque nuestra ampliación del significado de chantaje si no viene de ahí, al menos coincide exactamente. En efecto, después de definir el blackmail como define la Espasa el chantaje, añade el significado de extorsión; pero no ya para obtener dinero a cambio de silencio (el chantajista = cantor cobra por no cantar), sino para “forzar o coercer en una particular acción o estamento; y añade el ejemplo: “el presidente le chantajeó para imponerle su candidato”.

Especial consideración merece el valor ofensivo que se da a la palabra (de hecho se emplea para insultar), a pesar de que con la ampliación de su significado no debiera ser así. Pero aunque hayamos convertido el chantaje en algo honorable, su origen es delictivo (la estafa), y eso sigue pesando mucho.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
BOIRA_A
Administradores
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 4391


Aragon y Osca siempre conmigo


« Respuesta #35 : Junio 25, 2010, 12:28:26 pm »

 CUMPLIDO

Para los deberes de cortesía se inventaron los cumplidos. Para definirlos, hay que empezar por el origen: cumplir viene del latín complere, derivado de plenus que a su vez está asociado con el griego plhrhV (pléres), que significan uno y otro, lleno o más bien llenado; porque el adjetivo plenus, a, um es participio perfecto pasivo de pleo, plere, plenum (el supino, que los diccionarios silencian, tuvo que ser plenum; ¿de dónde sale, si no, el adjetivo verbal plenus?). Este verbo lo recogen los diccionarios como arcaico; y en efecto, apenas se usa, y deja lugar a los compuestos complere, explere, implere, replere, supplere. De ellos, el primero, complere, ocupó el lugar del verbo simple, funcionando el prefijo con (en este caso, transcrito cum) como intensivo.

Está claro que se ha bifurcado plenus en la forma evolucionada a lleno, que mantenemos en el adjetivo y en los verbos llenar y rellenar; y el mantenimiento de la raíz ple en completar, cumplir, repleto, suplir, suplemento, y el modernísimo implementar. Pero hay que observar cómo se distancian los significados, según que los términos estén formados con la raíz llen o con la raíz ple. La primera sigue manteniendo su valor original físico de llenar; la segunda, en cambio, tiene un sentido inmaterial, y eventualmente metafórico.

Un cumplido es, según María Moliner, una atención dedicada a una persona a la que se quiere mostrar consideración ("No me gusta que me tratéis con tantos cumplidos"). Alabanza dirigida por amabilidad a una persona o a una cosa suya ("No hubiera sobrado que le hubieras dirigido algún cumplido a su hija / al traje nuevo /"). En la acepción sustantiva añade como sinónimos atención, ceremonia, pamema, pamplina. Y las expresiones de cumplido y por cumplir.

En la forma adjetiva, entre otras definiciones da ésta: "Se aplica a la persona que cumple, hasta con exageración, todas las reglas de la cortesía ("Me extraña que no me haya felicitado N., con lo cumplido que es). En la pareja hay un reparto de papeles en cuanto a las formas gramaticales de este verbo. De la mujer se espera especialmente que cumpla; del marido, que sea cumplido.

Digo especialmente, porque difícilmente se aceptan los cumplidos de la mujer, si no van precedidos del cumplir. Y los cumplidos del consorte son la forma de cumplir, la manera de equilibrar los platillos de la balanza. A la hora de cumplir, la mujer tiene muy claras las prioridades: primero cumple con la casa, y luego, si se dan una serie de condiciones, con el marido. Pero nunca a la inversa, ¡faltaría más! Esa sería una incitación a mantener un reparto desequilibrado de las cargas domésticas.

Queda en pie el eterno problema: el empeño del hombre en llamar amor a toda actividad sexual; porque como ocurre con la comida, que lo mismo es tanto más sabroso y aprovecha tanto más, cuanto mejor es la compañía, así también en el sexo: lo mismo es tanto más satisfactorio cuanto mejor y más completo es el compartir. Por eso el cumplir es tan sólo una aspiración sucedánea del compartir.

Porque, he ahí la paradoja, el cumplir, a pesar de que por su origen tendría que significar plenitud, no deja de ser un vacío que se llena de cualquier manera, para salir del paso, para evitar conflictos; y correlativamente, tampoco los cumplidos expresan de por sí ninguna plenitud, sino que acaban siendo un ritual de conducta que suple la auténtica plenitud con la que todos soñamos.

Mariano Arnal
En línea

Cuanto mas conozco a la gente, mas me encariño con Osca
Páginas: « 1 2   Ir Arriba
  Imprimir  
 
Ir a:  

Powered by SMF 1.1.4 | SMF © 2006, Simple Machines LLC
Minerva Theme | The Simple Machines Forum Directory