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« : Febrero 01, 2009, 02:51:01 pm » |
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El oro de Moscú, sí existió
1. Los archivos Mitrojin. En numerosas ocasiones se han acuñado frases tópicas, pero con frecuencia y fuera de la repetición manida , algunas de las mismas han correspondido a la realidad. Los servicios de propaganda del Antiguo Régimen utilizaban frecuentemente la referencia al "oro de Moscú" para poder explicar a la opinión pública la procedencia de los recursos económicos que permitían al partido comunista ser de forma destacadísima la principal y casi única oposición activa al Régimen del 18 de Julio. El partido socialista y tantos "opositores" surgidos posteriormente, bien socialistas, bien nacionalistas, ejercían una labor casi meramente simbólica, sin peligrosidad alguna para el Régimen; además los eficaces servicios de información con medios enormemente más pobres, paupérrimos en comparación con los existentes hoy, se encontraban sumamente infiltrados en esos grupos de oposición; incluso algunos de sus dirigentes eran colaboradores encubiertos, por lo que el control de los movimientos de los mismos era sumamente amplio y su peligrosidad, no digamos ya la de los grupos "democrático- burgueses", era prácticamente nula para el sistema. Tampoco el partido comunista representaba una peligrosidad evidente, ni llegaría a suponer nunca un peligro de derrocamiento del régimen, pero sí era con enorme diferencia el más activo y combatiente en la oposición al mismo.
De forma especial en las postrimerías del Antiguo Régimen y tratando de ironizar respecto a lo que sus servicios de propaganda habían aireado profusamente respecto al origen soviético de los fondos del partido, los medios de la izquierda y particularmente los afines al partido comunista y los militantes de base del mismo, afiliados a grupos sindicales funcionando en forma de correa de transmisión, más la amplia gama de simpatizantes, repetían de modo monótono, lo del oro moscovita. Frase utilizada con profusión cuando se preguntaba por la procedencia del dinero necesario para mover el aparato de propaganda, la organización de disturbios, de huelgas, las frecuentes algaradas, y el movimiento frecuente de protestas en medios universitarios; asimismo periodistas afines, entonces haciendo protesta contínua de ser opositores que luchaban por la democracia, pero posteriormente cuando ya no existía peligro alguno, miembros confesos y orgullosos de su pertenencia al partido comunista.
Cuando algo que parecía imposible, el hundimiento de la Unión Soviética, se convirtió en una realidad, han podido conocerse diferentes aspectos de la proyección exterior, de la necesidad de expansión internacional indisolublemente unida a la esencia misma del marxismo-leninismo. No en la medida que numerosos investigadores anhelaban, pues entre 1991-1992 si bien pudieron conocerse diversas facetas que asombraron más a los propios rusos que a los expertos extranjeros, tampoco se produjeron revelaciones espectaculares, pero sí en alguna medida, aunque siempre estuvieron bien controladas. Mas desde esas fechas, los archivos han vuelto a cerrarse.
Pero en el comienzo del siglo XXI sí han podido conocerse unas revelaciones sumamente significativas. Se trata de las contenidas en los archivos Mitrojin que han causado sensación en varios países europeos y en los Estados Unidos. Lamentablemente en España, como ha ocurrido con tantas revelaciones sensacionales sobre la Unión Soviética y sobre el movimiento comunista internacional, han pasado con un silencio casi total ninguna de las grandes editoriales lo ha traducido y publicado-, que sólo ha sido muy ligeramente roto por los comentarios pasajeros y sin demasiado relieve de algún corresponsal. ¿A qué causas podemos atribuir este silencio. Posiblemente a dos: La primera a las carencias de la formación cultural de la mayoría de los medios informativos españoles. La segunda al dominio abrumador de la izquierda gramsciana en la cultura española, que silencia tan eficazmente todo aquello que suponga demérito del marxismo-leninismo.
¿Quién es Mitrojin? Vassili Nikitich Mitrojin, coronel del Comité de Seguridad del Estado, KGB, hoy ciudadano británico, nacido en Rusia central en 1922, desempeñó una larga carrera en los "órganos especiales" de la Unión Soviética, desde 1948 en el MGB, que en 1954 cambiaba su denominación por la de KGB hasta el fín de la URSS. Mitrojin, captado por los servicios de inteligencia británicos, abandonó Rusia en los primeros años 90 cuando el KGB soviético había sido sustituido por los nuevos órganos especiales ya rusos, el FSB interior y el SVR exterior. Para escapar de los rigurosos controles de seguridad destinados a evitar fugas en el aparato de la seguridad del Estado, Mitrojin, dotado de una excelente memoria, memorizaba en una paciente labor datos de los numerosos expedientes secretos que tenazmente día a día transcribía en largas horas de trabajo en su domicilio. Aportaría una cantidad gigantesca de documentación relativa a las actividades soviéticas a escala mundial. Entre esa masa ingente de información figuraba la estrechísima dependencia de los partidos comunistas respecto a Moscú. Y naturalmente la financiación en gran medida de los mismos; pero como no podemos remontarnos a 1917 cuando ya desde el triunfo bolchevique de octubre, Lenin impulsaría la revolución a escala mundial, trataremos siquiera brevemente del PCE en su época más reciente. Aunque Mitrojin no dedica al mismo la enorme información dedicada a los mucho más importantes partidos comunistas francés e italiano, sí aporta datos de mucho interés.
2. El control soviético de los comunistas españoles. La extensa documentación aportada por Mitrojin demuestra de forma fehaciente la existencia cierta, sin ningún matiz irónico, del "oro de Moscú". Como en otros tópicos la realidad demuestra que Franco sí tenía razón. Destaca ya que desde 1936, producida la maniobra de unión entre las juventudes socialistas y comunistas bajo el mando de Santiago Carrillo, éste pasó a ser controlado no sólo por el aparato de la Internacional comunista, sino de los servicios de inteligencia soviéticos, en aquella época la NKVD. Concretamente bajo la supervisión de Iosif Grigulevitch, en nombre de código "Maks" y "Felipe", uno de los más importantes "ilegales" soviéticos, quien durante la guerra española participaría activamente en la purga de trotskystas en las Brigadas Internacionales, así como en acciones de sabotaje detrás de las líneas nacionales.
Grigulevitch se convertiría en"padrino laico" de S. Carrillo. Carrillo demostraría su ortodoxia estaliniana denunciando a su propio padre, socialista, Wenceslao Carrillo, manifestando textualmente :" Entre un comunista y un traidor no puede existir ninguna relación". Más tarde, naturalmente en plena desestalinización, renegaría del estalinismo afirmando que durante muchos años sólo una pequeña minoría conocía los excesos estalinianos.
En el exilio, y en 1960, Carrillo sería nombrado secretario general del PCE. En 1968 olfatea vientos de cambio y empieza a deslizarse hacia lo que sería conocido como eurocomunismo, y el comité ejecutivo del PCE se muestra hostil a la intervención soviética en Checoslovaquia. Los principales miembros con obediencia ciega a Moscú, Eduardo García y Agustín Gómez, así como Enrique Lister, son apartados del PCE en 1969 y 1970. Esto no sienta nada bien a un personaje tan poderoso como Boris Ponomarev, jefe del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, bajo cuyo control se administraba la ayuda a los partidos comunistas de todo el mundo que no estaban disfrutando del poder, y en el caso español con la colaboración precisa del Departamento correspondiente a España del KGB, dentro de la estructura del ler Directorio Principal.
Se agrian poco a poco las relaciones, y a la muerte de Franco, Carrillo con la complicidad de personajes del Régimen, alguno en altísimo puesto, comienza a preparar la reaparición del PCE como partido legal, contando con la bien conocida colaboración del mediocre, pero gran oportunista, Adolfo Suarez. En 1976 y sin pedir la preceptiva autorización de Ponomarev, Carrillo abandona su cuartel general de París y entra secretamente en España. El 6 de diciembre, desde la sede central del KGB en Moscú, dirigido entonces por Yuri Vladimirovitch Andropov, concretamente desde el l.er Directorio Principal, y desde su departamento 5° encargado entre otros de los asuntos de España-, se envía un comunicado urgente a la "residencia" -la residencia es la sede local del KGB en las embajadas soviéticas en el mundo- de Madrid, urgiéndola a averiguar si son ciertos los rumores según los cuales Carrillo se encontraba en España. El "residente" -máximo cargo del KGB en la embajada--informa de un encuentro secreto con personalidades del Régimen, y después del paripé de detención el 22 de diciembre, el "residente" en Madrid informa a Moscú de un encuentro secreto entre Carrillo y Suarez, bastante tiempo antes, por tanto, de la legalización del partido comunista español en abril de 1977.
La fuente principal de la residencia madrileña del KGB en el seno del partido comunista español es un destacado miembro del Comité Central y del comité ejecutivo, equivalente al "politburó" soviético, Ignacio Gallego, cuyo nombre en clave para el KGB es "Kobo". Los fondos soviéticos para el PCE hasta marzo de 1976 eran dirigidos a través del partido comunista de Francia. Pero el 16 de marzo el "politburó" ordena al KGB ( orden n°. P-1/84) efectuar directamente los pagos a Ignacio Gallego. Parece ser que una parte de dichos fondos se destina a Gallego personalmente, y no al comité ejecutivo del PCE, para que pueda cultivar sus contactos. El 6 de diciembre de 1976 el "politburó" da su visto bueno (orden n° P 37 / 39-0P) al pago de 20.000 dólares a Gallego para la compra de un apartamento en Madrid. Gallego se guarda de criticar a Carrillo abiertamente, pero en privado no oculta sus críticas al secretario general, acusándole de representar un peligro para el partido comunista español y para el comunismo internacional.
A comienzos de 1977 Gallego se sirve de su mujer, en clave "Lora", para transmitir a la residencia del KGB en Madrid, el papel de Carrillo en un libro a aparecer conjuntamente con los dirigentes de los partidos comunistas francés e italiano sobre el eurocomunismo. La central moscovita del KGB se indigna por la situación en que se coloca a la URSS. Gallego informa al KGB de que el antaño periódico sindical "Pueblo", ahora entregado abiertamente a la izquierda, proyecta enviar un periodista a Moscú para entrevistar a algunos disidentes, y rápidamente la embajada rehusa el visado.
Carrillo piensa que una vez que el rey y Suarez han destruido el antiguo régimen e instaurado la partitocracia en España, el PCE será la fuerza dominante de la izquierda al estilo del partido comunista en Italia; pero otras fuerzas internacionales muy poderosas, y una vez purgado el partido socialista de Llopis y fuerzas del exterior, escogen a Felipe González como dirigente de la izquierda. En Moscú se contempla con satisfacción la vuelta para España de una estalinista senil, Dolores Ibarruri, "La pasionaria", quien no pierde ocasión de cantar las glorias de la Unión Soviética, poniendo en un brete a Carrillo. En 1978 la querella entre el PCE y el PCUS aumenta de tono, y el KGB continúa facilitando a Gallego 30.000 dólares anuales, aparte de los gastos extraordinarios, pero el residente del KGB en Madrid, Viktor Mijailovitch Filipov informa a Moscú que aunque Gallego sigue fielmente la línea impuesta por la residencia, no puede conseguir un resultado eficaz frente a Carrillo.
Posteriormente se produce la "debacle" continuada del PCE, su pérdida de influencia en la política española, Carrillo cede su puesto al joven Gerardo Iglesias, y el KGB imputa a Carrillo el desastre. Un miembro de la residencia de Madrid, con una cobertura habitual, en este caso la de corresponsal de la agencia de noticias Tass, Anatoli Krassikov, publica un libro abundando en el error del eurocomunismo. Nada menos que el ya citado miembro de la "nomenklatura" soviética, Boris Ponomarev, en un informe secreto de comienzos de 1983, afirma que en tanto Carrillo conserve su influencia el PCE permanecerá inmerso en una caída contínua. Por último, en enero de 1984, siendo presidente del KGB Viktor Chebrikov, Moscú financia con 50.000 dólares la creación por Gallego del PCPE partido comunista de los pueblos de España-, parte integrante del "movimiento comunista internacional", según elogia "Pravda". Pero el PCPE no logrará, a pesar de los esfuerzos soviéticos, pasar de ser un grupúsculo escisionista. En 1986 los restos comunistas se fusionarán con dos partidos de izquierda más modestos para constituir "Izquierda Unida".
Como se desprende de forma nítida y evidente, el "oro de Moscú" no constituía una fantasía; por el contrario supuso una realidad irrefutable.
Angel Maestro
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« Respuesta #1 : Febrero 19, 2009, 12:20:57 pm » |
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Carta del hijo de Antonio Tejero a los españoles. Diario ABC
Antonio Tejero Molina: mi padre 14-2-2009 09:03:22
Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa... Yo sabía lo que ocurriría... Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos mas difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían. Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo... Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos...
Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente... Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente. Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue). Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás... No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera. Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer...». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida... y eso pensé yo también.
Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño se su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-. Pasamos la mañana con serenidad... El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento. No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos. Era un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria. Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica... ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida.
No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre.
Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento, ni agresivo. Es templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F. Es un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle... quizá por miedo a su palabra... Me duelen tantos programas y tan poca veracidad...
Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre. Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.
Ramón Tejero Díez
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« Respuesta #2 : Junio 12, 2009, 12:12:12 pm » |
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¿QUIÉN SE HA RECONCILIADO CONMIGO?
Por Enrique de Aguinaga Catedrático emérito de la Universidad Complutense
Primero, el verbo. El verbo reconciliar significa el acto de volver a conciliar lo que estuvo conciliado y, por cualquier causa, dejó de estarlo. Es decir, que la reconciliación exige una previa conciliación. No cabe reconciliar lo que nunca estuvo conciliado. En este último supuesto se trataría, no de reconciliar, sino de conciliar, según prescribe la Academia: componer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí.
¿Por ventura, los ánimos de quienes se opusieron en la Guerra Civil (para unos Cruzada; para otros sublevación facciosa) estuvieron alguna vez conciliados, antes que se desatasen en las intentonas de 1930 (sublevación de Jaca) , 1932 (sanjurjada) y 1934 (revolución de octubre), previas al estallido de 1936, en el que (todo hay que decirlo, aunque sea una obviedad) el que suscribe no ha tenido arte y ni parte?
La Guerra Civil ya estaba en Fernando de Castro, que, en 1866, avisa a la Real Academia de la Historia que España verá ensangrentarse sus ciudades y sus campos en una guerra civil, religiosa... O en Luis Araquistain, que, en 1915, proponía exteriorizar la guerra civil que palpita en las entrañas del pueblo español. O en Francisco Largo Caballero, que, en 1933, en medio de la República, proclama que estamos en plena guerra civil, que inexorablemente tomará caracteres cruentos. O en José María Gil Robles, que la considera absolutamente inevitable. O en Juan Ignacio Luca de Tena, que no sólo la considera inevitable, sino también trágicamente necesaria para salvar a nuestra Patria del caos.
Se trata, pues, de conciliar o reconciliar, si se quiere, las dos partes que finalmente se enfrentaron abruptamente en guerra abierta y feroz. No se trata, ahora, de reconciliar los dos términos de la dicotomía revolucionaria de Largo Caballero (burgueses y proletarios) porque la evolución histórica y, con ella, la instalación de una clase media que no existía, la han superado.
Se trata de reconciliar a los vencedores y a los vencidos de aquella guerra, no tanto en sí mismos, progresivamente reducidos por la inexorabilidad del tiempo, como en los que de algún modo mantienen el enfrentamiento, por trasmisión de una y otra parte, en forma de franquismo y antifranquismo. Por lo pronto, mis hermanos mayores, Álvaro y Vicente, alférez provisional y capitán de milicias, vencedor y vencido, ya están reconciliados para siempre, en el mismo nicho del cementerio de Ceares, en Gijón.
Frente a la sociedad adulta, visceral, damnificada e irreductible, de la posguerra, es el Frente de Juventudes la primera plataforma de reconciliación en un movimiento que merece más estudio, que evidentemente se inspira en la invocación testamentaria de José Antonio Primo de Rivera (Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles) y que está presente en la dedicatoria de Diccionario para un macuto (Rafael García Serrano, 1964): A Francisco Franco, el general de mi juventud. Y a todos los que entonces quisieron una España nueva, la quisieran como la quisieran y desde donde la quisieran.
Tras el indulto general, a los veinticinco años de paz (marzo de 1964), tales disposiciones progresan, primero, en la amnistía del gobierno de UCD ( 1977) y, después, en la declaración del gobierno socialista, en el cincuentenario de la guerra (1986), que con cautela elegante elude las causas y, en cuanto a las consecuencias, dice, sin calificación ni condena, que desembocó en una dictadura que rigió la vida del país por espacio de casi cuatro décadas.
La declaración de 1986 honra la memoria de cuantos con su esfuerzo y con su vida contribuyeron a la defensa de la libertad y de la democracia y, asimismo, recuerda, con respeto, a quienes desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia. El Gobierno socialista considera que la guerra civil española es definitivamente historia y desea que el L aniversario selle definitivamente la reconciliación de los españoles.
Se propone así la reconciliación, como una superación de la recurrente dialéctica franquismo-antifranquismo, con testimonios por ambas partes:
El franquismo está muerto y bien muerto. Ahora hay que acabar también con el antifranquismo. No tiene ya ningún sentido (Joaquín Leguina, 1986).
Ser hoy franquista es un anacronismo, pero ser antifranquista hoy es una tontería. Mientras perdure la dialéctica franquismo-antifranquismo, España seguirá viviendo una etapa de transitoriedad insegura (Antonio Castro Villacañas, 1986).
Y una solemne exhortación del Rey (1979): Abandonemos la obsesión del pasado próximo para atribuirle todos los males o todos los bienes; el complejo de haberlo vivido en la colaboración o en la disparidad; la crítica de lo que ya está superado o el afán de resucitarlo; el deseo de revancha destructiva o la conservación a ultranza de lo que no es sustancial ni oportuno; y pensemos, unidos. en construir el mejor de los futuros.
Sobre esta base, la exaltación o la condena asimétricas de la subversión socialista de 1934 o del levantamiento militar de 1936 (Pío Moa), del genocidio de Paracuellos o de la represión de los vencedores (Casas de la Vega), de las Brigadas Internacionales o de la División Azul (Gironella), del exilio de Sánchez Albornoz o el de Ortega y Gasset (Luna Gijón), de las Casas del Pueblo incautadas o de los templos arrasados (César Vidal), de la excavación de las cunetas o de los miles de sacerdotes y religiosos inmolados (Gabriel Jackson) no son, por supuesto, factores de reconciliación nacional. Condenar al adversario es exactamente lo contrario de reconciliar.
El acuerdo de los grupos parlamentarios en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados (20 de noviembre de 2002) en sintonía con la declaración del Gobierno de 1986, tiene una parte clara y positiva por la que se mantienen el espíritu de reconciliación nacional y se manifiesta el reconocimiento moral a todas las víctimas de la guerra civil, sin distinción ni condenación alguna.
Y tiene otra parte condenatoria referida directamente a la represión de la dictadura franquista e interpretativamente a la utilización de la violencia con la finalidad de establecer regímenes totalitarios. Pero de ello no se deduce llanamente la condenación global del franquismo, no sólo porque, en la tesis de Solzjenitsyn, Pío Moa y tantos otros, no se clasifica como régimen totalitario (sí lo era la dictadura del proletariado de la violencia de 1934), sino, sobre todo, porque el llamado franquismo es la premisa de nuestra sociedad democrática, que, de otro modo, debería haberse retrotraído a la situación interrumpida por la guerra, y que no se ha retrotraído porque no se interrumpió un idilio democrático (Delgado-Gal) o porque fue el comienzo de una lucha entre el Occidente y el Comunismo (Calvo Serer).
La guerra es la gran interrupción. Por eso, en cuanto a los ejércitos contendientes, es curioso que Franco ganase la guerra con la organización del Ejército republicano, resultante de las reformas de Azaña, mientras que la República lo suprime y lo sustituye por el llamado Ejército popular, creado el 16 de octubre de 1936 (Fernández Vargas).
El preámbulo del acuerdo de 20 de noviembre diluye el alzamiento de 1936 en el endémico enfrentamiento civil de la sociedad española y afirma que nada queda de él porque consciente y deliberadamente, se quiso pasar página para no revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha; para no caer, dicho vulgarmente, en la clásica vuelta de tortilla.
La reconciliación no puede consistir simplemente en invertir la versión de los vencedores (Sánchez Cámara). La reconciliación entre las dos Españas no pude consistir en quitar la razón a la victoriosa para dársela a la derrotada , ya que en una guerra civil no hay vencedores ni vencidos (Seco Serrano).
A quienes se sorprendan de la vigencia del franquismo como premisa, les recuerdo la dolorida perplejidad de Julián Marías: Me preocupa indeciblemente que, a los sesenta años del final de la guerra civil, se siga mintiendo sobre ella, sus orígenes o sus consecuencias. Y les invito a revisar tres tópicos de la situación, para restablecer las realidades postergadas:
1. Que la democracia actual procede del franquismo y no de la oposición antifranquista (Pío Moa), porque al régimen actual no le dio el ser ninguna guerra, sino el régimen anterior cuyas instituciones se abrieron para dar cabida en ellas a los excluidos hasta entonces (Aquilino Duque), porque ni el Rey ni Fernández Miranda ni Suárez se pueden clasificar en el exilio interior.
2. Que la transición, en lugar de la pretendida ruptura, supone una idea de continuidad y de herencia, representadas en quien por tres veces asumió la Jefatura del Estado (julio de 1974 y octubre de 1975, interinamente, y noviembre de 1975, definitivamente); continuidad y herencia proclamadas por el presidente Suárez en su exhortación en pro de la Ley para la Reforma Política (referéndum de 15 de diciembre de 1976), que significó partidos políticos, Constitución y, en suma, sistema democrático: No significa en absoluto que ignoremos nuestro inmediato pasado. Significa que lo asumimos, pero que lo asumimos con responsabilidad. Significa que recogemos su herencia, pero la recogemos con la exigencia de perfeccionarla y acomodarla a las demandas actuales de la gran familia nacional (...) Tenemos derecho moral y legal a pedir el sí, porque el cambio se efectúa desde la legalidad, por los procedimientos previstos en la Constitución [Leyes Fundamentales].
3. Que es falso el enfrentamiento entre dictadura y monarquía constitucional, en cuanto que son sobreabundantes la pruebas de que la dictadura no tenía voluntad de perduración y el propio dictador anuncia al presidente Nixon (1970) el reinado de Juan Carlos I y el establecimiento de la democracia (la que ustedes quieren), según el testimonio de Vernon Walters, cuidadosamente ocultado por la censura invisible.
En este marco, el antifranquismo ha ejecutado la freudiana muerte del padre (Esparza), ha creado el gran chivo expiatorio y ha decretado la doctrina del mal absoluto, lo que si, en cualquier caso, es una irracionalidad, lo es más para un régimen que, objetivamente, nos ha legado, en lo económico, la industrialización; en lo social, la clase media; y, en lo político, el Rey; al tiempo que, hipotéticamente, nos ha salvado del comunismo, al menos en la apreciación del doctor Marañón, que establece en el comunismo y el anticomunismo los auténticos polos de la lucha.
Particularmente, Santiago Álvarez (1913-2002), el prohombre comunista, y yo, jo- seantoniano de filas, nos reconciliamos con la amnistía para periodistas (1976) y quedamos reconciliados, amigos y comensales simpáticos. Pero me pregunto ¿quién más se ha reconciliado conmigo? No refiero, ahora, la pregunta a ninguno de los seis firmantes del acuerdo de 20 de noviembre, en la seguridad de que nunca he tratado de imponer nada por la violencia ni he participado en represión alguna, sino, más bien, todo lo contrario.
Pienso, sí, en el derecho a la libertad de expresión como forma de reconciliación y más concretamente en el normal estudio y presentación del ser histórico de José Antonio Primo de Rivera (el gran adalid de la síntesis), cuyo centenario se conmemora en este año 2003, acosado por todo género de proscripciones asimétricas. Pienso en que se pueda cantar Cara al Sol con la normalidad que se canta La Internacional.
Pienso en el auto de fe de las inencontrables Obras Completas de José Antonio. Pienso en el rector que prohíbe un ciclo de conferencias organizado por los estudiantes. Pienso en el concejal que pide mi excomunión, por joseantoniano. Pienso en el departamento universitario que boicotea una tesis doctoral sobre José Antonio, la derecha y el fascismo. Pienso en los directores que vetan inicuamente la réplica a los agravios. Pienso en las manos negras que han machacado las propuestas de cursos de verano. Pienso en los tabúes, ninguneos, y tantas otras formas sibilinas de censura invisible y, en definitiva, de condena y persecución.
Pienso (¿ilusoriamente?) en la reconciliación que, veinticinco años después, anima la nueva propuesta de Adolfo Suárez (2002): Hay que llevar a la calle los valores de nuestra Constitución . Hay que hacer de ellos nuestros hábitos normales de convivencia.
Publicado en La Razón
10 de febrero de 2003
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« Respuesta #3 : Septiembre 13, 2009, 06:24:39 pm » |
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Quinto, Codo y Belchite: la venganza del Frente Popular
La región aragonesa fue dominada con relativa facilidad en los días inmediatos al Alzamiento Nacional ya que el general Miguel Cabanellas se sumó al Movimiento y el impulso de la cabecera de División resultó esencial para el alineamiento de las restantes guarniciones. Después de haber rechazado el intento de mediación del enviado de Madrid, general Núñez de Prado, a partir de las cinco de la mañana del 19 de julio se inició la ocupación de Zaragoza por fuerzas del Ejército. Proclamado el estado de guerra, se apoderaron con facilidad del Gobierno Civil y de los demás edificios públicos y de comunicaciones aunque la noche anterior la CNT-FAI, predominante entre el elemento revolucionario de la ciudad, había declarado una huelga general y generando una resistencia que sería reprimida. Gracias a la actuación decidida de las fuerzas del Ejército y orden público a las que se sumaron desde el primer momento voluntarios civiles, la situación se presentaba tensa pero segura y en pocos días quedaba asegurado el control de la ciudad a pesar de que carecía prácticamente de defensas naturales y que era susceptible de sufrir ataques desde diversas direcciones.
El resto de la provincia de Zaragoza también se incorporó a la sublevación en los días siguientes: en las comarcas de Calatayud y Daroca, el Regimiento de Artillería proclamó el estado de guerra el 20 de julio y procedió al control de los pueblos. En las demás zonas, donde no existían guarniciones, las autoridades militares ordenaron a los diversos puestos de la Guardia Civil la destitución de los Ayuntamientos y el nombramiento de nuevos gestores municipales. De esta forma se produjo el triunfo inicial en la mayoría de las localidades, si bien algunas de ellas requirieron la intervención de tropas para controlar la oposición o asegurar definitivamente el control.
Por su parte, la pequeña guarnición de Huesca ayudada por numerosos voluntarios también se había sublevado y triunfó y Teruel, la tercera de las capitales aragonesa, quedó igualmente bajo control de los nacionales. En situación mucho más comprometida aún que la de Zaragoza, ambas capitales fueron ciudades cercadas durante muchos meses pues el predominio alcanzado en los primeros momentos en Aragón, se reveló precario enseguida. A partir del 24 de julio una serie de columnas organizadas desde Barcelona y formadas por miles de milicianos mezclados con unidades regulares y fuerzas de orden público, iniciaron la ocupación del territorio aragonés a través de tres vías:
- Al norte, una de las columnas, al llegar a Lérida, emprendió la marcha a través de los Pirineos y, a través de Barbastro, se dirigió contra Huesca y más tarde amenazó a Zaragoza desde el sector de Alcubierre.
- Por el centro, la carretera general Barcelona-Lérida-Zaragoza, fue el itinerario seguido por Durruti y el Comandante Pérez Farrás que ocuparon Caspe y otros lugares. El 8 de agosto llegaban a Osera donde fueron frenados definitivamente.
- Hacia el sur, la columna mandada por el anarquista Ortiz y el Comandante Salavera, cruzó el Ebro en Bujaraloz, participó en la toma de Caspe, continuó en dirección a la provincia de Teruel apoderándose de varias localidades y volvió a avanzar sobre Zaragoza, precipitándose hacia los pueblos de Quinto, Codo y Belchite, en los que no logró entrar.
Belchite (sin línea protectora alguna y en el vértice de un ángulo formado por la línea de frente que dejaba a la localidad prácticamente indefensa) fue considerado por los frentepopulistas, desde el primer momento, como uno de los puntos críticos del despliegue nacional, siendo objeto de continuos ataques. Por las mismas fechas, otra columna (la de Tarragona, mandada por el teniente coronel Mena) atacó y arrolló a las patrullas nacionales en la zona de Lécera (Zaragoza) y Albalate del Arzobispo (Teruel) ocupando un buen número de poblaciones de la comarca pero serán incapaces de romper el frente estabilizado en las inmediaciones de Quinto, Codo y Belchite, localidades que permanecerán durante meses en primera línea de fuego soportando frecuentes ataques del enemigo y drásticas medidas de orden público que provocaron la aplicación de los preceptos del bando de guerra y la ejecución de un número relativamente elevado de izquierdistas. En todo caso estas represalias se iniciaron cuando ya se había tenido ocasión de comprobar el brutal comportamiento de las columnas frentepopulistas en los pueblos aragoneses que habían ocupado dejando a su paso un rastro de terror y, en el caso de Belchite, están relacionadas con las actividades protagonizadas por los revolucionarios de la localidad que trataron de apoderarse de la población desde dentro el 6 de agosto determinando el inicio de registros y cacheos para desarmar a los elementos extremistas, siendo duramente castigados aquéllos que apresados anteriormente quisieron huir.
En octubre de 1936, los dirigentes de la CNT, cuyas columnas controlaban buena parte de la retaguardia aragonesa y hacían irregular acto de presencia en aquellos frentes, decidieron establecerse por su cuenta y crear el Consejo de Aragón (que acabaría siendo reconocido por el propio Gobierno en diciembre del 36) con sede en Caspe y con mayoría absoluta para los libertarios pero con participación de las organizaciones del Frente Popular. Este hecho marca una segunda etapa en la que los comités revolucionarios fueron sustituidos por consejos municipales, la administración de justicia pasa paulatinamente a los Tribunales Populares y tiene lugar la militarización de todas las columnas armadas a finales de abril de 1937. Finalmente, una intervención gubernamental, siguiendo las tesis comunistas, pondría definitivamente fin a este predominio anarco-sindicalista disolviendo el Consejo de Aragón por decreto en agosto de 1937 y desarticulando violentamente toda su organización, que ya estaba atravesando una profunda crisis, mediante una intervención de la 11 División de Enrique Líster.
Pocos días después, el Ejército Popular iniciaba una ofensiva cuyo objetivo estratégico (la ocupación de Zaragoza) tenía también un claro alcance político: donde habían fracasado las columnas anarquistas se pretendía que iban a triunfar las grandes unidades de inspiración comunista. Las operaciones se iniciaron en la madrugada del 24 de agosto de 1937 y el Ejército Popular consiguió algunos avances pero las resistencias decisivas de las pequeñas guarniciones nacionales impidieron que, a pesar de la aplastante superioridad de medios, las tropas del General Pozas alcanzaran su objetivo.
La defensas de Quinto, Codo y, sobre todo de Belchite, alcanzaron un tono heroico. Los defensores de Quinto, se replegaron la noche del 24 al 25 de agosto de 1937 a la iglesia y casas vecinas de donde no fueron desalojados hasta la tarde del día siguiente. En Codo, los requetés del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat combatieron en el casco urbano, casa por casa, hasta que lograron romper el cerco en una desesperada salida con innumerables bajas. Sólo Belchite prolongaría durante quince días su increíble resistencia protagonizada por su pequeña guarnición y la población civil, apenas unos 2.000 hombres que combaten en las calles, casa por casa, durante el día y la noche.
Los sitiados carecen pronto de víveres y municiones a pesar de que la aviación nacional procura arrojárselos. Las unidades enviadas en socorro de Belchite para liberar a sus defensores, refugiados por último en los edificios algo más fuertes de la localidad, no pueden abrirse camino a pesar de su empeño. Los requetés, que se han batido bravamente en el Seminario, se incorporan a los defensores de la población, al no ser posible prolongar allí la resistencia. El 6 de septiembre, cuando tres cuartas partes de los defensores han sido baja y no puede continuar la resistencia, trescientos sitiados con el comandante Santa Pau a la cabeza, en una salida desesperada y heroica logran salvar las líneas enemigas y llegar al campo nacional.
Pero el drama no había finalizado para los que fueron hechos prisioneros en Quinto, Codo y Belchite una vez ocupadas las poblaciones. Buena parte de ellos, tanto soldados como civiles, fueron asesinados sobre el terreno, en el mismo momento en que se efectuaban las detenciones. Así, en los olivares cercanos a Codo, primer lugar en que se concentró a la población evacuada de Belchite, se procedió por las fuerzas ocupantes con la intervención de algunos elementos extremistas de la localidad a la selección de prisioneros y en el acto asesinaron sin más procedimiento ni declaraciones a algunos paisanos de la villa, varios sanitarios y fuerzas excombatientes. Mientras la "Pasionaria" hollaba las ruinas todavía humeantes de Belchite, el también comunista Líster se encargaba personalmente de estos crímenes junto con las fuerzas a sus órdenes hasta que la intervención de un mando superior, determinó el traslado de los restantes prisioneros para ser interrogados y sometidos a depuración previa.
Buena parte de ellos fueron fueron traslados a cárceles y campos de concentración, siendo fusilados en las semanas siguientes. Por ejemplo, los prisioneros que habían sido llevados a Monegrillo y Castejón de Monegros fueron sacados de allí en la mañana del 14 de septiembre y los bajaron por la carretera de Zaragoza a Barcelona. Un poco antes de llegar a la altura de Pina de Ebro les hicieron abrir una zanja de unos 300m. de largo por 2 de ancho que sirvió para tumba de militares, falangistas, requetés y paisanos. Escenas semejantes habian ocurrido con posterioridad a la ocupación de Quinto y Codo, población esta última donde fueron asesinados incluso un grupo de requetés que, por estar gravemente heridos, no habían podido intentar la evacuación de sus posiciones.
Otra circunstancia que llama la atención es que, una vez ocupados estos pueblos, se practicó la deportación de grandes grupos de población, como estrategia o método de guerra con finalidades políticas y militares muy concretas: controlar una retaguardia considerada hostil e insegura. En Quinto a unas dos mil personas se las llevó a los pueblos del Bajo Aragón donde eran repartidos por las casas. En Belchite fueron evacuados todos sus habitantes restituyendo luego a los elementos de izquierda y dejando a los de derechas confinados en pueblos de Teruel hasta su liberación. Los presos más significados ingresarían en las prisiones y campos de concentración (San Miguel de los Reyes, Lérida, Barcelona...) donde algunos encontraron la muerte bien por fusilamiento o debido a las durísimas condiciones de vida.
Desde el punto de vista socio-profesional nos encontramos con un claro predominio entre las víctimas de labradores y jornaleros seguidos de oficiales del ejército y obreros urbanos. No debe olvidarse que en su mayoría se trataba de voluntarios del Ejército Nacional; en efecto, entre los combatientes de Falange y el Requeté abundaban los campesinos pobres y no faltaban obreros. Muchos de los que nutrían los tercios y banderas eran esos “propietarios muy pobres” de los que se ha hablado alguna vez, labradores que poseían un pequeño corro de tierra y que predominaban en la mitad norte de la Península. Lejos de representar los intereses de ninguna oligarquía, la zona nacional había consolidado el apoyo de los más diversos sectores sociales aglutinados por ideas elementales pero claras y fácilmente compartidas como eran las creencias religiosas, la exigencia de orden público y la defensa de la pequeña propiedad.
Tampoco faltaron, a pesar de la fecha tan avanzada, manifestaciones de la persecución religiosa: en Mediana fue totalmente saqueada la iglesia y ermita y se robaron los ornamentos y objetos religiosos. En Quinto, la Parroquia y ermitas fueron saqueadas y todo robado o quemado. En Codo, la Parroquia fue completamente saqueada y mutilada y todo lo perteneciente al culto, robado y quemado. En Belchite, todas las iglesias, ermitas, el Convento de Dominicas y el Seminario Menor fueron saqueados, profanados y resultaron totalmente destruidos. Las pérdidas del patrimonio histórico artístico por destrucción o robo fueron ingentes. También cabe referirse aquí a varios sacerdotes hechos prisioneros junto a las tropas a las que asistían espiritualmente en Quinto y Belchite: Juan Ruiz Gimeno (Capellán del Regimiento Aragón nº17), fusilado en Quinto el 24 de agosto de 1937; Juan Lou Miñana (Capellán del Tercio de Almogávares), fusilado en Híjar el 3 de septiembre de 1937 y Blas Margelí Ibáñez (Capellán de la 8ª Bandera de Falange de Aragón), asesinado en Codo el 6 de septiembre de 1937. En cambio, varios sacerdotes y religiosas hechos prisioneros en Belchite fueron conservados con vida y utilizados con intereses propagandísticos para dar una imagen distorsionada de lo que estaba ocurriendo.
Una última consecuencia del fracaso en Belchite iba a ser el recrudecimiento del control comunista. El castigo sufrido por los brigadistas internacionales fue tan enorme y la cantidad de bajas tal que, por primera vez, se negaron a batirse. Hubo voluntarios que, rota toda esperanza, intentan regresar a sus respectivos países pero carecen de documentación porque Moscú les había privado de pasaportes. Togliatti crea apresuradamente, para atajar el mal de la desmoralización, unidades disciplinarias y campamentos de “reeducación”. Comenzaron a llegar miles de policías escogidos, miembros de la policía secreta. Con la NKVD, la policía soviética, llegaron también técnicos de fortificación rusos que, en gran parte, fueron encaminados a Belchite.
A pesar de todo, la operación sobre Zaragoza había fracasado y las operaciones militares en este escenario iban a finalizar muy pronto. Como ocurrió en otros lugares, se trataba de una ofensiva planeada de manera brillante sobre el papel pero la realidad demostraba que era imposible llevarla a término por la voluntad de resistencia del contrario y las deficiencias del Ejército Popular. El denominado "contragolpe estratégico" consistía en lanzar una acción ofensiva potente con un objetivo claramente señalado sobre una zona importante del dispositivo enemigo de defensa que le obligue a abandonar la acción ofensiva emprendida en otro frente para llevar a la zona atacada fuerzas de las empeñadas en el avance. El general Rojo intentará repetir la maniobra en varias ocasiones sin conseguir, en ningún caso, que el generalísimo Franco trasladase un número de fuerzas tan relevante como para impedirle sus avances decisivos en otros frentes. Cuando, finalmente, Franco acude a la confrontación en el Ebro, el resultado será un verdadero desastre para el Ejército Popular.
Pero antes, a finales de diciembre de 1937 y comienzos de enero de 1938 tendrán lugar los enfrentamientos centrados en la capital turolense y el 7 de marzo de 1938 el ejército de Franco iniciaba una maniobra que, en medio de una desbandada general, lograría ocupar en pocos días el resto de Aragón. El 10 de marzo, se recuperaba Belchite, el 13 Calanda y Albalate del Arzobispo; el 14, Alcañiz y el 17, el Cuerpo Marroquí y la 1ª División entraban en Caspe. A partir de ahí se simultanearon dos acciones: una, al sur del Ebro (el 1 de abril se ocupaba Gandesa ya en Tarragona) y otra, al norte del río: el 25 de marzo el Cuerpo Marroquí penetraba en Bujaraloz y el 27, Yagüe tomaba Fraga. El avance continuaría en dirección al Mediterráneo y el 15 de abril de 1938 la IV División de Navarra ocupó el pueblo costero de Vinaroz (Castellón), cortando definitivamente en dos la zona frentepopulista.
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« Respuesta #4 : Febrero 25, 2010, 03:06:07 pm » |
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El antepasado político de Aznar le da mil razones para hacer una higa
La izquierda puede insultar, los nacionalistas matar y los de la ceja mentir, pero un líder la derecha no tiene permitido ni un gesto de desdén. Una vieja historia, con trasfondo Borbón. QUÉ MENOS La izquierda puede insultar, los nacionalistas matar y los de la ceja mentir, pero un líder la derecha no tiene permitido ni un gesto de desdén. Una vieja historia, con trasfondo Borbón. Ellos le llamaban asesino. Pero él tenía que callar. Ellos, como mínimo, le gritaban "hijo de puta". Pero él no podía permitirse un gesto de menosprecio, de desprecio, de asco o de rechazo. Ellos han pedido su muerte en las plazas, y las han llenado para forzar un resultado electoral hace seis años. Pero él debería ser un silencioso caballero estoico, ni higas ni peinetas ni saludos alusivos a la catadura de sus adversarios. Y encima nosotros, como José María Aznar, tenemos que aguantar lecciones de buenas maneras de horteras del calibre de Fernando G. Delgado, de Elena Valenciano o de María Teresa Fernández de la Vega.
Hace mucho que la derecha española empezó a ser tratada como si fuese una débil mental, como si sus hombres y mujeres no tuviesen la misma legitimidad que sus rivales, como si, en realidad, el sistema político perteneciese a la izquierda y la derecha sólo pudiese ocuparlo temporalmente, pidiendo perdón y, por supuesto, dando por buenos todos los principios de la izquierda y renunciando a aplicar los propios al vencer en las urnas.
Una "peineta" a tiempo es un acierto político
Hace algo más de un siglo la derecha española había ganado las elecciones. Tenía una mayoría parlamentaria suficiente. Tenía un proyecto de regeneración democrática claro, que implicaba limpieza electoral, simplificación en los partidos, modernización del país, desarrollo económico y mejoras sociales. Ese proyecto tenía el apoyo de muchas personas, pero la enemistad declarada de la oligarquía del dinero, de los medios de comunicación y de los políticos profesionales, incluyendo los de su propio partido, así como la hostilidad de los progres dentro y fuera de su país y de misma Corona a la que sinceramente quiso defender como nadie.
Aquel hombre se llamó Antonio Maura. Maura se enfrentó a la extrema izquierda de la Semana Trágica, y fue dejado solo por la izquierda supuestamente moderada, por los hombres de la cultura, por parte de su partido y por el abuelo de don Juan Carlos.
Lo que pasó en 1909 fue una de las causas remotas de la Guerra Civil. Maura fue acusado de asesino, de culpable de guerras y muertes y separado de la política. La derecha se refugió en los negocios, se dividió o perdió fe en el sistema. La izquierda se creyó dueña del mismo. Así terminó todo. Sobraron muchas cosas, pero una de ellas fue educación y moderación por parte de la víctima, de don Antonio Maura: una higa a tiempo a los trepas de la derecha, a la izquierda prepotente y a la Corona listilla –también entonces quería consensos desequilibrados- habría sido un gran bien.
También Aznar se equivocó: sobró la llamada "peineta" de Oviedo de 2010. Tenía que haberla hecho, física y políticamente, en 2003 y especialmente en 2004. No la hizo entonces, exactamente como Maura no quiso hacerla. Es de esperar que el exceso de educación no sea tan funesto en este siglo como en el anterior. La izquierda desea, por su parte, lo peor.
Navarra: la incertidumbre sin maurismo
La situación política navarra, en especial la de la derecha hija de Aznar aunque sea renegada, es grave y se agrava, sin duda para regocijo de mis admiradores de Gara. Si las cosas fueron ya complicadas en 2003 y más en 2007, entre 2010 y 2011 podemos asistir a cosas insólitas. La izquierda no sube, baja incluso en las encuestas y ahora se permite el lujo (no intelectual precisamente) de implantar la corriente Izquierda Socialista de la mano de Imanol Cobos y José Luis Úriz. Pero la derecha, los votos de la derecha al menos, pueden dividirse hasta crear una mayoría artificial que la izquierda no dudará en poner al servicio de los abertzales. Ana Cadena Cizur ha sido nombrada presidenta de la gestora de Centro Democrático y Social (CDS) en Navarra (éramos muchos y parió el centro). En UPN se inicia el lento proceso de elaboración de listas que, sin la experiencia de Miguel Sanz, puede dejar muchos heridos por el camino. En el PP, además de pleitos varios y de añoranza ¡del PDP!, el militante Andrés Valencia Ciordia ha sido nombrado delegado regional en Navarra de Democracia y Libertad en el PP, una corriente crítica. Y tenemos naturalmente el CDN de Andrés Burguete y la previsible candidatura de UPyD. En suma, los votos que en 1991 configuraron una sola lista hoy pueden derivar en media docena.
Falta Aznar, o en su defecto alguien capaz de mostrar el dedo corazón a la corrección política. Esperanza Aguirre en ABC del 17 de enero nos explicó cómo cree que la clase política del país carece de formación suficiente para dedicarse a los cargos con independencia, ya que muchos no "llegaron a la política con sus carreras, sus oposiciones y su profesión". Y "eso es fundamental para ejercer con independencia". "Si todos los que llegan a la política hubieran cotizado antes a la Seguridad Social, no hubiéramos tenido el caso Gürtel en el PP", apunta. Es sólo una parte del problema, pero una parte importante. Más lo es que, como he dicho varias veces, debe haber "espacio para todas las personas capaces, aunque sean amigas de líderes defenestrados". Pensemos en la alternativa: el destino político de Antonio Maura. Me van a permitir que me quede con Aznar, con su dedo ofensivo y todo.
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« Respuesta #5 : Junio 08, 2010, 01:21:48 pm » |
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Franco deja de ser un secreto
-35 años después de la muerte del dictador, las copias de sus documentos son de acceso libre en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca-
El País \ Los papeles de Franco ya están en un archivo público. Cualquiera puede consultarlos en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca, que recibió en octubre los rollos de microfilme que habían permanecido guardados seis años en la caja de seguridad del Ministerio de Cultura. Ocultos, como si quemasen. Son copias de 27.490 documentos (más de 100.000 páginas) pertenecientes a la Fundación Francisco Franco, que ha custodiado los originales con hermetismo y sin las garantías de acceso de un archivo público. Desde la muerte del dictador, los papeles permanecieron hasta los años ochenta en casa de su viuda, Carmen Polo. Fue ella quien invitó al historiador medievalista Luis Suárez Fernández a examinarlos. "Descubrí una documentación desordenada y valiosa, que me costó cinco años ordenar, pero no tuve ningún monopolio. Procuré ayudar a muchas personas", explicó a este diario. Suárez, que exigió trabajar con fotocopias "para evitar problemas", publicó el resultado de su investigación en Franco y su tiempo, revisado y corregido en Franco. Crónica de un tiempo. Además, supervisó la publicación de seis volúmenes con documentos hasta 1942. "Luego el proyecto se paró por falta de dinero", indicó. Lo cierto es que historiadores como Paul Preston, autor de una celebrada biografía sobre Franco, no tuvieron acceso al material de la fundación, que abarca desde 1938 a 1976. Incluso Javier Tusell recurrió a Luis Suárez para acceder a papeles sobre el atentado de Carrero Blanco. Tras la ayuda de 150.841,22 euros concedida por el Ministerio de Cultura entre 2000 y 2003 para digitalizar los papeles, la Fundación Francisco Franco entregó a cambio una copia a la Administración que, paradójicamente, permaneció guardada en la caja de seguridad ministerial. EL PAÍS ha seleccionado algunos documentos interesantes que ya son accesibles en Salamanca.
Guerra Civil Casado se confiesa
Se conservan las conclusiones escritas el 17 de noviembre de 1936 por José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, al tribunal popular que lo condenó a muerte en Alicante, en las que se declara ajeno a la organización del golpe militar de julio y defiende la inocencia de su hermano Miguel y su cuñada Margarita Larios, juzgados en el mismo proceso. Franco también conservó la carta que le envió el coronel Segismundo Casado en la que justifica su golpe contra el Gobierno de Juan Negrín, partidario de resistir el empuje de los sublevados, en 1939: "La necesidad urgente de asfixiar un golpe comunista, que de haber triunfado hubiera desplegado un régimen de terror sin precedentes y de otro lado el deseo de satisfacer los anhelos pacifistas del pueblo me impulsaron a derribar a un gobierno abigarrado con todos los vicios políticos imaginables". Casado expresa su temor por la deriva: "Me preocupa la reacción que pueda experimentarse y la posibilidad de que desahuciado el Consejo de Defensa se creara un estado caótico, que retrasaría extraordinariamente la obra de reconstrucción de España".
Entre los documentos se incluyen algunos militares como los planos de la sección de información del ejército sublevado, que identifica los objetivos (depósitos de material, fábricas, cuarteles o sedes políticas) para bombardear en ciudades catalanas.
II Guerra Mundial
"Liquidación de judíos"
"Continúa la liquidación en masa de judíos, no sólo los que aún vivían de los tres millones y medio que residían en Polonia, sino los traídos de Austria, Checoslovaquia, Bélgica, Holanda, Noruega, Francia y Yugoslavia; un lugar hasta ahora ignorado llamado Tremblinka [sic], ha adquirido la lúgubre reputación de ser el elegido para estas matanzas terribles", escribe el embajador Ginés Vidal en un escrito reservado dirigido al ministro de Asuntos Exteriores sin fechar. En la carta informa de la resistencia polaca contra los ocupantes nazis y de su efecto en la Gestapo: "Antes, cuando caía asesinado de vez en cuando algún alemán, se adoptaba en el acto la providencia de ahorcar o fusilar a 40 o 50 polacos; hoy, después de la sangrienta y encarnizada réplica de las repetidas organizaciones y de la hasta ahora infructuosa acción intentada contra ellas, la Gestapo se limita a efectuar detenciones en cierto número, entre el cual suelen figurar no pocos inocentes". De la conocida entrevista entre Hitler y Franco en Hendaya hay información sobre la trastienda: el colosal enfado del embajador, excluido de este encuentro y de otros mantenidos entre el ministro Serrano Suñer y el Führer. El diplomático, indignado, escribe él mismo a máquina un "capítulo de quejas" sobre Serrano Suñer para ser entregado en exclusiva a Franco. "Al ir a entrar en el despacho [de Hitler] detrás del ministro, no le fue permitido hacerlo manifestándosele que se había acordado un cambio en el protocolo (...) El embajador ignora lo que se trató en la entrevista". Curiosa resulta la nota de diciembre de 1940, donde se detalla la visita de una comisión alemana al Campo de Gibraltar para estudiar un "ataque al Peñón por el frente de Levante, utilizando para ello fuerzas alpinas".
Monarquía Los espías de don Juan
La desconfianza enturbió siempre las relaciones entre Franco y don Juan, cuyas idas y venidas eran escrutadas por el entorno del régimen. Así ocurre con la comida que organiza en mayo de 1958 el Instituto Español en Nueva York en honor del conde de Barcelona y el Príncipe. En un mensaje "estrictamente confidencial", el embajador ante la ONU José Félix de Lequerica cuenta el ambiente y las conversaciones. "La única falla en relación con la visita del conde de Barcelona y Don Juan Carlos ha sido su negativa -la del Príncipe, mejor dicho- a visitar las Naciones Unidas, a donde yo le había invitado (...) En rigor podía no ir él, como no ha ido a otros sitios. Pero ¿qué inconveniente había para una visita turística del Príncipe, joven estudiante, deseoso de conocer la exterioridad de una institución establecida en Nueva York?".
Otro embajador de hiperactiva pluma era el de Lisboa, dada la cercanía a la residencia de don Juan. El 4 de julio de 1958 escribe a Franco a propósito del entorno monárquico: "Como todos ellos son extremistas y desean el camino de la violencia para derrocar al régimen, naturalmente, mi persona les produce una irritación verdaderamente extraordinaria". También la Falange era toda oídos: lo cosechado se plasmaba en un Boletín de actividades monárquicas.
Estados Unidos Kennedy, benévolo
Siempre vitales, las relaciones con Estados Unidos se pueden rastrear en numerosos documentos. Hay telegramas y cartas de 1952 del embajador Lequerica informando sobre personas y obstáculos que torpedean el acuerdo entre ambos países (bases a cambio de ayuda económica) como el respeto a la libertad religiosa (exigencia protestante) y la antipatía del presidente Truman hacia la dictadura franquista. Nada que ver con la actitud que muestra el presidente Eisenhower en marzo de 1960, tras su visita a España. Su común frente anticomunista pesa más que la falta de libertades española. "Comparto su opinión de que la ofensiva comunista no es hoy exclusivamente militar, sino principalmente política y económica (...) Tenemos que continuar en nuestra política de seguridad colectiva y medidas con ella relacionadas para contener la expansión comunista", le escribe a Franco.
Tres años después, con Kennedy en la Casa Blanca, las relaciones no se enturbian. El embajador de entonces, Antonio Garrigues, relata así una cena "informal e íntima" con el clan: "El presidente se dirigió a mí y me dijo: 'Bueno, ahora España es un país rico, creo que están ustedes ya en los 1.300 millones de reservas; son mucho más ricos que nosotros. Yo creo que no van a tener más remedio que hacernos un Plan Marshall para los Estados Unidos'. Todos nos echamos a reír y naturalmente expliqué en ese mismo tono ligero lo pobres que éramos". Ya sin guiños jocosos, Kennedy se mostró "muy complacido" por la mejoría económica española, pero preocupado por "el problema de la sucesión tanto en España como en Portugal" y por el futuro de América Latina. El embajador invita a visitar España a Robert Kennedy, mano derecha de su hermano. Con Nixon, se estrechan más las relaciones. El 17 de agosto de 1971, envía un mensaje personal a Franco para anticiparle las fulminantes medidas anticrisis que anunciará horas después y que impactarán sobre España. Congelación de salarios y precios, bajada de impuestos, suspensión de la convertibilidad del dólar en oro y sobrecarga temporal sobre las importaciones. "Reconozco que estas medidas afectarán a España a la vez que son vitales para nosotros", escribe.
América Latina Chapuza contra Castro
Con el sello de reservado se pueden leer las cartas enviadas por personal diplomático desde La Habana informando sobre la conspiración descubierta en marzo de 1966 para asesinar a Fidel Castro. "Los detalles rocambolescos de la trama hacen ver que es una obra puramente amateur. Esto parece indicar que la CIA (aunque la CIA tampoco es quizás una organización que trabaja a la perfección) no ha participado directamente en este complot, lo cual no excluye que haya utilizado y pagado los servicios de las personas complicadas", relata el encargado de negocios en una carta dirigida al ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella.
Rendido admirador de Franco se confiesa Juan Domingo Perón en una carta fechada en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1947, tras su visita a España: "Cierto, ciertísimo es, mi querido general, que la Argentina ha sabido comprender la epopeya de España en el punto y hora que vos supiste devolverle la grandeza a que secularmente estaba acostumbrada. Cierto que, a pesar de la nefasta propaganda dirigida por los enemigos de todo lo que es común y amado por nuestros pueblos, la verdad de España triunfa por la razón que iluminó el brillo de vuestra espada". "¡Pido a Dios que nuestras patrias no salgan jamás de los derroteros de su común destino!", rogaba Perón.
Oposición interna La policía no es tonta
A Enrique Tierno Galván no le quitaban ojo. Un informe del 2 de agosto de 1961 detalla sus reuniones con otros opositores antes de partir para una estancia de ocho meses en Estados Unidos durante la que espera entrevistarse con el presidente Kennedy para insistirle que España sufre "una dictadura militar que suprime toda libertad". "A todas las reuniones llevaban a algunas de las esposas de los invitados para impedir que la policía les detuviera bajo pretexto de acto político clandestino". En otro informe de la Dirección General de Seguridad de 1965 se detalla la asamblea en la que participan el periodista Emilio Romero, entonces director de Pueblo, y el sindicalista Marcelino Camacho con trabajadores metalúrgicos. Romero, para evitar problemas, se presentó voluntariamente ante la policía para dar su versión de la reunión y aclarar que "su actividad se desarrolla dentro del régimen".
Cada rincón, vigilado. Cada protesta, reprimida. Incluso las no estrictamente políticas como el boicot celebrado en Algeciras en 1961 por el abusivo precio de los cines de verano y la mala calidad de los filmes, que desembocó en enfrentamientos violentos entre el público y la policía. Y también eso, según los ojos del régimen, acababa al servicio de los otros: "La situación ha sido aprovechada posteriormente por elementos hostiles".
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« Respuesta #6 : Agosto 02, 2010, 11:44:16 pm » |
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El gran holocausto de Paracuellos de Jarama
(Resumen de la Conferencia) Por D. José Antonio García-Noblejas Académico C. de la Real de la Historia
Ex Director General de Archivos y Bibliotecas Introducción
El martirologio español en la Historia de la Cruzada El inmenso genocidio de Paracuellos del Jarama Matanzas masivas en la zona roja. Origen y causas Prisiones rojas madrileñas. Espíritu de los cautivos 28 de octubre, comienzan las “sacas” masivas: Maeztu y Ramiro Ledesma Las mayores “sacas” de Noviembre. Paracuellos del Jarama Inmarcesible gallardía militar en la prisión de Porlier Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz Protesta diplomática. Breve interrupción de las “sacas” Se reanuda el genocidio. Checas carcelarias. D. Pedro Muñoz Seca Las últimas “sacas” Síntesis del gran holocausto Gloriosa memoria de los Mártires de Paracuellos y de la Cruzada
Introducción
¿Cómo es posible que el silencio y el olvido de quienes más obligados estaban hacia los Mártires haya caído sobre su memoria como si jamás hubieran existido? La señal de restauración plena de la Iglesia y de España sólo vendrá por la renovación de la santa memoria de estos Mártires y de todos los de la Cruzada”.
Ésta fue la grave requisitoria formulada por José Antonio García-Noblejas en la conferencia que pronunciara abriendo el ciclo cultural de nuestra Fundación el 5 de noviembre de 1986 bajo el título “EL GRAN HOLOCAUSTO DE PARACUELLOS DEL JARAMA”. El insigne conferenciante hizo un minucioso análisis de la trágica y gloriosa historia de los Mártires de Paracuellos del Jarama, el más grandioso holocausto católico de todos los tiempos sucedido en España y uno de los mayores de la historia de la Iglesia Universal. Inicua y gigantesca carnicería de hombres indefensos, testimonio de espíritu cristiano y patriótico, sacrificados sin razón ni pretexto alguno.
En el Madrid de 1936 todo estaba diabólicamente dispuesto por los órganos de poder, desde el Ministerio de la Gobernación a la Dirección General de Seguridad, desde la Junta de Defensa a su Delegado de Orden Público. El genocidio de Paracuellos, con los millares de presos de las cárceles de Madrid fusilados en un paraje solitario, al pie del Cerro de San Miguel, fue como un torrente de sangre que viniera a engrosar el caudal de masacres anteriores y posteriores en la España roja, sin contar los miles de asesinados en cualquier lugar por los chequistas que gozaban de facultad para registrar, detener, torturar, juzgar sumarísimamente y ejecutar a sus víctimas. Quienes no lo vivieron, señala García-Noblejas, no sabrán nunca la zozobra y angustia de la lectura de las trágicas listas para las “sacas” carcelarias, ni de los sublimes ejemplos de entereza, serenidad y entrega a la voluntad de Dios.
Cada madrugada, la prisión en penumbra por temor a la aviación nacional, un miliciano leía a gritos, linterna en mano, la larga lista que portaba. Una vez cacheados los presos llamados, atadas fuertemente sus manos con bramante, alambre o cable eléctrico y, amarrados de dos en dos por los codos, eran subidos a camiones o autobuses en los que partían para su trágico y glorioso destino, siempre vigilados y amenazados hasta el último instante.
Escalofriante itinerario de prisiones madrileñas de La Modelo, Ventas, San Antón, Porlier, patética relación de nombres y apellidos de Mártires asesinados, prisión y muerte de Pedro Muñoz Seca y de Ramiro de Maeztu, fusilado en Aravaca. ¿Cuántas víctimas reposan en el Camposánto de los Mártires de Paracuellos? No es posible señalar cifras exactas, mas no sería difícil establecer su número aproximado con nombres, fechas y procedencias. El número de sepultados en Paracuellos, incluidos los llevados de Boadilla del Monte, Ribas-Vaciamadrid, Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) supera con mucho las cifras señaladas por recientes estudios. El número de 8.354 Mártires que expresa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga, en su obra “Los presos de Madrid”, puede ser el más aproximado hasta ahora.
A quien hace este emocionado y escalofriante relato de los tristes sucesos de Paracuellos del Jarama, trágico olvido para muchos en la historia -como si fuera tan fácil esconder de un plumazo 8.354 seres asesinados-, no se le puede tildar de exageración, subjetivismo o fantasía, porque los títulos que le avalan son éstos: Notario número 1 de Madrid, primero del escalafón nacional; ex Director General de Archivos y Bibliotecas; miembro de la Comisión Española de Colaboración con la UNESCO; Académico de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia; Consejero de la Sociedad Internacional de Derechos de Autor; autor él mismo de numerosas publicaciones, Gran Cruz del Mérito Civil y de San Raimundo de Peñafort. Y algo más importante que todo eso, testigo de cargo, en carne propia, de checas, calabozos y prisiones de la España roja.
Voy a intentar ofrecer, en difícil síntesis, lo que fue el holocausto de Paracuellos del Jarama, inmenso, gigantesco, sin precedentes en la historia de España. Y he querido titular así, de “holocausto”, a mi intervención, con todo el significado de sacrificio cruento, de ofrenda, de expiación, que corresponde a la palabra, la misma empleada por Monseñor Antonio Montero, Obispo de Badajoz, en su libro La persecución religiosa en España 1936-1939, cuando habla del “impresionante holocausto de Paracuellos de Jarama”.
He de ocuparme con preferencia de aquellos mártires y de las circunstancias en que fueron inmolados, más que de los ejecutores y responsables del genocidio. Fuera de mi propósito queda ahora depurar cualquier clase de culpabilidades, evitando herir los oídos y ensuciar mi lengua pronunciando ciertos nombres bien conocidos, que por todas sus letras y por todas sus sílabas destilan a torrentes la sangre de mártires.
Deseo también aclarar que empleo la palabra “mártires” sin prejuzgar el juicio de la Santa Madre Iglesia, haciéndolo en términos genéricos, con el sentido que le diera en su tiempo, con referencia a los mártires de nuestra guerra, los Santos Padres Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y respecto a los mártires de Otranto Juan Pablo II. El mismo significado con que lo emplearon todos y cada uno de los Obispos españoles independientemente en 1936 y todos juntos en su conocida Carta Colectiva de 1.º de julio de 1937.
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« Respuesta #7 : Agosto 02, 2010, 11:47:10 pm » |
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El martirologio español en la Historia de la Cruzada
Los hechos de que vamos a ocuparnos constituyen Historia, historia que ya lo es de medio siglo, con perspectiva adecuada para conocerlos y enjuiciarlos en la plenitud de sus accidentes y circunstancias, y que necesariamente hemos de estudiar si aspiramos a conocer la historia contemporánea de nuestra Patria.
Ciertamente la Historia constituye un permanente afán de la Humanidad, nacido de la preocupación espiritual del hombre por conocer su pasado, y que con distintas interpretaciones alcanza también -y en alto grado- a la materializada edad en que vivimos. En estos días comprobamos a cada paso el constante interés en ofrecer a la masa ciudadana los hechos de la guerra de España, es decir su historia, en forma parcial y deformada, lo que no debe sorprendernos, por cuanto como decía el profesor Martín Almagro hace más de treinta años, el combate en el campo del pensamiento, entre los dos grupos de cultura que llamamos del Este y de Occidente, se centra hoy precisamente en la interpretación de la historia.
En este rudo combatir en el área de la cultura, se inserta, como elemento clave, el conocimiento puntual y exacto de los terribles acontecimientos producidos en los desolados campos de Paracuellos del Jarama hace ahora cincuenta años, capítulo fundamental en el martirologio español de 1936-39, con el enorme relieve que a este martirologio corresponde en la Historia grande de la Cruzada. Bastaría esta consideración para justificar la adecuación de la materia martirial a las tareas intelectuales que incumben a la “Fundación Nacional Francisco Franco”. Pero tenemos algo más para autorizar esta justificación. Contamos con el testimonio expreso y reiterado de la devoción y la fe del Caudillo hacia nuestros mártires. En la mano tengo una copia del autógrafo que envió al Arzobispo de Valladolid en 1.º de abril de 1950 con motivo del grandioso homenaje rendido a los mártires en el Santuario Nacional de la Gran Promesa de la capital castellana con asistencia de numerosos Obispos, de la totalidad de los Superiores Generales de las Órdenes Religiosas y de altas personalidades de la nación. Un precioso escrito, cuyo facsímil entrego con mucho gusto a la Fundación, en el que el Generalísimo, en relación a los mártires y con la precisión conceptual que le caracterizaba, decía: "Ellos fueron parte principal de nuestra victoria y hoy fieles celadores de nuestra grandeza. ¡Dichosa la tierra que cuenta con tales hijos, pues no puede ser abandonada de la mano de Dios! Ante su recuerdo besemos la tierra bendita de nuestra Patria que regó su sangre y acogió sus restos."
El inmenso genocidio de Paracuellos del Jarama
Al hablar de Paracuellos de Jarama Fr. Octavio Marcos, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, se expresa de este modo: "He aquí un nombre que ha sido grabado a punta de cuchillo en el alma de España y cuyos caracteres están teñidos en la púrpura de su sangre. Lugar sagrado, campo de expiación, tierra sembrada de cuerpos santos y fertilizada con sangre de mártires. Aún perciben nuestros oídos el rasgado silbar de la metralla que troncha vidas beneméritas en la virtud y en las ciencias, en íntima fusión con las plegarias: “¡Viva Cristo Rey!, ¡Dios!, ¡España!, ¡Perdónalos Señor!”, que brotan de labios moribundos y se elevan al cielo como perfumado sahumerio de sangre palpitante que empapa la tierra y la cubre de regio manto de púrpura, glorioso atributo de la victoria y de la Realeza de Cristo."
Y Monseñor Antonio Montero, en su citada obra dice: Las ejecuciones producidas en Paracuellos del Jarama constituyen capítulo aparte, lo mismo en la historia del Madrid rojo, que en la del resto de las provincias afectadas por la persecución... impresionante holocausto.
Ciertamente el número de mártires allí sepultados resulta incalculable en términos precisos, porque al número de presos “sacados” de las cárceles madrileñas mediante listas nominativas, hemos de sumar los innumerables allí ejecutados en pequeños grupos o individualmente, de los que no se conserva referencia escrita, entre agosto de 1936 y comienzos de 1937, inhumados por cualquier sitio de aquellos lugares, de los cuales algunos fueron exhumados después de la guerra, e identificados o no, se trasladaron a nuevas zanjas contiguas a las de Paracuellos de Jarama, del mismo modo que se hizo con los innumerables fusilados en Torrejón de Ardoz, Boadilla del Monte, El Pardo y otras procedencias entre las cuales se cuentan algunas mujeres.
Matanzas masivas en la zona roja. Origen y causas
Tan grande matanza de hombres indefensos, no constituye hecho aislado en lo que fue zona roja de nuestra guerra, en toda la cual, cualquier circunstancia adversa para ellos, como sus continuos descalabros bélicos, servía de pretexto para cebarse en los inermes presos de las cárceles o de los barcos-prisión, y así sucedió con millares y millares de víctimas desde los comienzos de la contienda hasta sus últimos coletazos, cuando en 7 de febrero de 1939, en el lugar de Can Tretze, provincia de Gerona, cerca de la frontera francesa, se fusiló al Obispo de Teruel, Anselmo Polanco con 42 compañeros de cautiverio.
La relación, no exhaustiva, de las matanzas colectivas en España comienza en El Arahal (Sevilla), donde anticipándose a la llegada de las fuerzas nacionales liberadoras, los milicianos inundaron de gasolina la prisión y la incendiaron. Todos menos uno perecieron abrasados vivos. Y continúa con los marinos de Cartagena arrojados al mar, los fusilamientos masivos de las prisiones de Ubeda, Ciudad Real, Toledo, Almería, Lérida, Málaga, San Sebastián y el fuerte de Guadalupe, Castellón, Ibiza, Fuenteovejuna, Albacete, Consuegra, Cebreros, Ocaña, Monasterio de Cóbreces, Guadalajara, Bilbao (prisiones de “Ángeles Custodios”, “Larrinaga”, “La Galera” y “Carmelo”) y Martos.
Y en los barcos-prisión “Río Segre”, de Tarragona; “Isla de Menorca”, de Castellón; “Astoy Mendi”, de Almería; “Cabo Quilates” y “Altuna Mendi”, de Bilbao; “Atlante”, de Mahón, y “Alfonso Pérez”, de Santander, así como en los terroríficos pozos de Tahal y de La Lagarta en Almería, y los de Carrión de Calatrava y Herencia.
Por lo que a Madrid concierne, el genocidio de Paracuellos, con su torrentera de sangre, vino a constituir la culminación de masacres anteriores, amén de los miles y miles de madrileños y de madrileñas asesinados en cualquier lugar por las innumerables checas que gozaban de facultad para registrar, detener, torturar, juzgar sumarísimamente y ejecutar a sus víctimas.
La primera de estas masacres, con más de doscientas ejecuciones se produjo en nuestra capital el 20 de julio sobre los defensores del Cuartel de la Montaña, una vez cesada la lucha. Me permito detenerme un momento en la consideración de esta inicua y primera carnicería en Madrid, porque cabalmente hallamos en ella la consigna que sirvió para realizarla, la misma que se siguió en las sucesivas masacres. La consigna nos la ofrece nada menos que el ejecutor material del genocidio del Cuartel de la Montaña, Enrique Castro Delgado, creador del 5.º Regimiento de Milicias, con expresión increíblemente cínica, en su libro Hombres made in Moscú: -Ya dentro del Cuartel (escribe Castro Delgado), alguien dice: “Allí” están los que no han escapado, serios, lívidos, rígidos... Castro sonríe al recordar la “fórmula”. “Matar... matar, seguir matando hasta que el cansancio impida matar más... Después... Después construir el socialismo”. “Que salgan en filas y se vayan colocando junto a aquella pared de enfrente, y que se queden allí de cara a la pared... ¡Daros prisa! La fórmula se convirtió en síntesis de aquella hora... luego un disparo... luego muchos disparos... La fórmula se había aplicado con una exactitud casi maravillosa”.
Tal es su relato, y por si aún fuera posible ensombrecer la tragedia, cuenta la impresión que ella causó al Comité Central del Partido, ante el que se presenta Castro inmediatamente: -En el Comité Central, la Pasionaria le dice: “Camarada Castro, el Partido se siente orgulloso de ti... toma esta pistola que te regala el Partido. ¿Qué sentiste en los primeros momentos? ¿No dudaste? “No había razón para ello, Dolores”. Ella se rió, todos reían. Él se sentó, recordaba a los muertos y sonrió. Estaba satisfecho. Estaba contento”.
No son precisos comentarios. La segunda masacre en Madrid tuvo lugar en Villaverde los días 11 y 12 de agosto con los “trenes de la muerte” de Jaén. Doscientos presos de sus cárceles, con el Sr.Obispo, Dr.Basulto, su hermana y su Vicario, ametrallados en el Pozo del Tío Raimundo. Diez días después, primera matanza colectiva en la cárcel Modelo, con un centenar de víctimas muy seleccionadas.
Así alcanzamos a los días finales de octubre en que las tropas nacionales se acercan invictas a Madrid. Las autoridades rojas aumentan cada día el número de detenciones y acrecientan su preocupación por los millares de presos encerrados en sus cárceles, con la idea de que no pudieran ser liberados por los nacionales en su posible, o más bien probable, entrada en la capital.
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« Respuesta #8 : Agosto 02, 2010, 11:48:58 pm » |
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Prisiones rojas madrileñas. Espíritu de los cautivos
Bueno será recordar lo que eran aquellas prisiones en las que inmediatamente van a producirse las terribles “sacas” de detenidos, con destino a las zanjas preparadas en Aravaca, en Vicálvaro, en Ribas-Vaciamadrid, en Torrejón de Ardoz y en Paracuellos de Jarama.
Cinco eran las del Madrid rojo: la Modelo, en la plaza de la Moncloa, en el mismo emplazamiento del actual Ministerio del Aire, en la que se hacinaban unos 8.000 presos. La de Ventas, hoy también desaparecida, en la calle del marqués de Mondéjar, construida para prisión de mujeres, pero desde el 24 de julio habilitada para varones, con unos 1.500 presos. Las de los Colegios escolapios de San Antón, en la calle de Hortaleza y de General Porlier, habilitados para prisiones, en cada una de las cuales se amontonaban en aulas, galerías y pasillos más de 2.500 detenidos. Y finalmente la del Convento de la calle del Duque de Sesto, más reducida, de la que no hacemos historia en razón a ser la única que gozó del privilegio de no sufrir las famosas “sacas”. En total unos quince mil presos en Madrid a fines de octubre, aumentados cada día por sucesivas detenciones.
El hacinamiento de los detenidos en aquellas cárceles, en las que por entonces faltaba hasta el espacio necesario para reposar en el suelo, sin comunicación alguna con el exterior o con las familias; las privaciones, el hambre, el frío, la carencia absoluta de higiene, miseria, vejaciones y padecimientos, la permanente amenaza de muerte, constituían el ambiente en que malvivían millares de patriotas, destinados en gran parte a morir en breve en las fosas de Paracuellos. Mas en aquel ambiente resplandecían exaltados, por contraste, los más altos valores del espíritu: fe, patriotismo, confianza en Dios y en la victoria, abnegación, desprendimiento, hermandad y camaradería.
Cuanto se diga del fervor religioso respirado en aquellas prisiones es pálido reflejo de la realidad, Desde el momento de ingresar en la cárcel, la primera preocupación de todos era la de dirigirse a un sacerdote -que en vano se encontraría en la calle- a quien consultar y pedir absolución. La regla que los confesores impartían invariablemente era ésta: “Si te preguntan si eres católico, no puedes negarlo de ningún modo, pero sobre materias políticas o de otra naturaleza es lícito faltar o desfigurar a la verdad para salvar la vida”, y efectivamente de nadie se sabe, entre la infinidad de presos sacrificados o interrogados, que apostatara o renegara ante el riesgo de morir.
De continuo se administraba el sacramento de la penitencia, disimuladamente, sentados en el suelo, tumbados en los petates -cuando los había- o dando vueltas por el patio, e igualmente se rezaba, principalmente el rosario, pese al riesgo de hacerlo, En este aspecto el anecdotario carcelario es inacabable y espléndido.
Tiene la cárcel Madrid resplandor de catacumba, escribió el luego Académico de la Historia y Almirante Julio Guillén Tato en su libro Los últimos días de la cárcel Modelo e igualmente otro superviviente de la prisión, al referirse a la matanza del 22 de agosto en la Modelo, se expresaba en los siguientes términos: “Después de confesarme, a bien con Dios y con los hombres, siento en mi alma una inmensa ternura... y como para morir en gracia de Dios es preciso perdonar, yo perdono a mis verdugos, como Cristo perdonó en la Cruz”. Y el Archivero-Historiador Arsenio de Izaga, en su importantísima obra Los presos de Madrid escribió: “La cárcel fue el yunque moral en que se forjaron las almas de aquellos héroes y de aquellos mártires”.
Tan contagioso resultaba este fervor que alcanzó a muchos que tenían olvidadas sus prácticas religiosas, como a los políticos Melquiades Álvarez y Rafael Salazar Alonso, ambos con antecedentes masónicos, que murieron absueltos y en el seno de la Iglesia y el último con una hermosa carta de retractación de sus errores, ofreciendo a Dios el sacrificio de su vida por la salvación de España. Igualmente contagioso y ejemplar fue el espíritu de patriotismo, del que fueron figuras destacadas multitud de militares y paisanos, singularmente el heroico Teniente Coronel Carlos Noreña, cuyo ejemplo imitaron muchos de sus compañeros.
28 de octubre, comienzan las “sacas” masivas: Maeztu y Ramiro Ledesma
De estas prisiones y en el ambiente expresado, comenzaron a producirse las “sacas” masivas, bajo pretexto de traslados o de libertad. En la cárcel de Ventas el 27 de octubre, se mandó formar a los militares pidiéndoles un paso al frente a los que estuvieran dispuestos a servir a la República, bajo terribles amenazas, y nadie lo dio. Su gallardía fue comentada con entusiasmo por los compañeros de cautiverio, todos se dieron a la oración y a renovar absoluciones. Y en efecto a la noche, por orden de la Dirección General de Seguridad, 32 presos de esta cárcel fueron llamados para salir, entre ellos Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos.
La orden estaba firmada por el Director General, Manuel Muñoz: Siendo necesario el traslado al penal de Chinchilla de los presos que al dorso se relacionan... sírvase entregarlos a los portadores del presente oficio, miembros del Comité de Investigación, encargados de cumplimentar la expresada resolución, y estaba fechada a 31 de octubre, es decir, tres días después de su ejecución.
Uno de ellos -se dijo que fue Ramiro Ledesma, pero información posterior acreditó que no lo era, parece que lo fue un linotipista de ABC- se resistió a salir de la cárcel y le dispararon un tiro de pistola al vientre, rematándolo allí mismo. Los demás, conducidos en un camión al Cementerio de Aravaca en la misma madrugada, fueron también muertos a tiros de pistola, luego de despojados enteramente de sus ropas, como en el Calvario hicieron con la túnica de Cristo, y allí enterrados.
De la prisión y muerte de Ramiro de Maeztu hay testimonios auténticos que nos permiten dedicarle unos breves párrafos. En la primera hora de la madrugada del 28 (no del 29 como erróneamente se dice a veces) un miliciano llamado “el Chato”, linterna en mano, entra en el departamento en cuyo suelo descansaba el ilustre cautivo, gritando: -¡Ramiro Maeztu!: el llamado reacciona con aire de defensa: -¿A mí a estas horas? Pronto cambia de actitud, se viste, pide discretamente la absolución al párroco de Getafe, D. José M.ª Fernández, próximo a su petate, recoge sus pobres cosas y abraza a los compañeros: Hasta la Eternidad, y sale erguido, a grandes zancadas, llevando en el bolsillo las cuartillas del libro que estaba escribiendo, “Defensa del espíritu”, de las que nunca más se supo.
Indalecio Prieto escribió más tarde: “El fusilamiento de Ramiro de Maeztu fue uno de tantos crímenes injustificables y estúpidos” (Lo que hace suponer, que para el dirigente socialista había otros crímenes justificados y razonables.)
En el día precedente -el de la entrada de nuevos milicianos y la amenaza a los militares- D. Ramiro paseó impaciente por el patio, hasta que ya anochecido y cansado, se sentó en el petate rodeado del Padre Romañá, del párroco y del coadjutor de Getafe, Huelin, el profesor Magariños y otros más. Alabó la actitud de los militares (-Siempre son y serán caballeros los verdaderos militares españoles) y en tono bajo cantaron la salve y rezaron el rosario.
Maeztu, filósofo, humanista, político, ex Embajador en la Argentina y a la sazón diputado por Guipúzcoa, había sido detenido el 28 de julio en el domicilio de su amigo Vázquez Dodero. Entraron unos milicianos por denuncia de que en el piso había un oratorio, golpearon la puerta con los fusiles y registraron. Se les presentó espontáneamente: -Aquí me tenéis, soy Maeztu; los milicianos nada sabían de Maeztu, le creían el cura del oratorio, telefonearon a la Dirección General de Seguridad y le detuvieron. El Comisario de Buenavista lo puso en libertad, pero eran las 11 de la noche, a la puerta estaba el coche con los milicianos y don Ramiro optó por quedar detenido. Se le llevó a la cárcel de Ventas y al siguiente día en ABC rojo se leía: -el escritor Ramiro de Maeztu, detenido. ¿Escritor Ramirete? ¡A cualquier cosa llaman chocolate las patronas!
En prisión ingresó como señor natural de aquellos caballeros encarcelados. Les hablada del “dominico inquisidor y banquero” que se precisaba en España, escribía las cuartillas de su nuevo libro, rezaban en comunidad. Alentaba a los detenidos, les contagiaba su esperanza en el resurgir de España. Ocupaba una celda del piso 3.º ízquierda, acompañado entre otros de Federico Santander, Santiago Magariños, Vázquez Dodero y el doctor Lemus. Su celda parecía una cátedra en la que se olvidaban de la condición carcelaria.
A primeros de octubre le trasladan al departamento llamado “de madres” con otros 40 presos, entre los cuales Bonifacio Sedeño de Oro, párroco de S. Ginés y cuñado del general Fanjul; Magariños, catedrático de Instituciones Americanas; el librero Alberto San Martín; el párroco de Getafe y su coadjutor; Vázquez Dodero y el padre Romañá.
En un momento de humor carcelario (antes de comenzadas las “sacas”) parodiaron allí la ceremonia de apertura de curso universitario, envueltos solemnemente en la mantas a modo de túnicas. Magariños hacía de Rector Magnífico; don Ramiro, de Ministro de Instrucción Pública; el párroco de Getafe, de Cardenal-Arzobispo, y de Presidente un Teniente Coronel sevillano que se llamaba precisamente Francisco Franco. Maeztu fue el protagonista. Cantó la figura de Fernando VII, cuyo retrato debía presidir todas las Universidades por ser el creador de las Escuelas de Tauromaquia, en las que se enseñaba a vencer y a dominar a la fuerza bruta con la virtud de la gracia y el arte del requiebro. Dijo: -El saber, como la capa, con vueltas y revoleos viriles, logra llevar por donde a uno le plazca, a la fiera ignorante. Si necesita castigo más duro, prended a la ignorancia el rehilete certero de las banderillas, palos secos, punzantes... y usad la espada para el necesario final...
Las mayores “sacas” de Noviembre. Paracuellos del Jarama
En el mismo día de la saca de Ventas acabada de referir, se llevaron de la cárcel Modelo otros 29 presos, igualmente fusilados e inhumados en Aravaca y al siguiente día, otros 50 de la checa de Fomento fueron ejecutados en el camino de Boadilla, cuyos restos, una vez acabada la contienda, fueron exhumados y traslados al Camposanto de Paracuellos.
Quienes no lo vivieron no sabrán nunca la zozobra y angustia de la lectura de las trágicas listas para las sacas, ni de los sublimes ejemplos de entereza, de serenidad, de entrega a la voluntad de Dios. En altas horas de la noche o en la madrugada, la prisión en penumbra por temor a la aviación nacional, en el silencio de las galerías donde los presos procuraban descansar tumbados en el suelo, un miliciano acompañado de otros aparatosamente armados leía a gritos, linterna en mano, la larga lista que portaba. Entre los presos podía oírse hasta el latido de los corazones. Se manda a los llamados recoger sus cosas y formar en el rastrillo de salida. Se despiden aprisa de amigos y compañeros, les hacen algún encargo de última hora, se santiguan algunos y salen silenciosos, resignados, con el pobre hatillo. Ya en filas, se les ordena dejar en el suelo sus envoltorios, los cachean por si aún llevan algo consigo, los atan fuertemente las manos con bramante, o alambre o cable eléctrico, y amarrados de dos en dos por los codos los sacan al aire helado de la noche o del amanecer, los suben a camiones o autobuses y parten para su destino, siempre vigilados y amenazados hacia el último instante.
El primer día de noviembre, con las tropas nacionales próximas a Madrid, el agente soviético Koltsov, “asesor” de las autoridades rojas y luego de la Junta de Defensa, presente en España desde agosto, se ocupa con los Comisarios políticos de la suerte de los presos. Ya tenían éstos suspendidas las comunicaciones con las familias, cuando por orden del Director General de Seguridad se sacan otros 79 presos de la cárcel de Ventas, para fusilar en Aravaca, en su mayoría estudiantes, obreros y labradores de los pueblos cercanos. Y el día 3, en Carabanchel Alto, se fusila a 56 presos allí detenidos.
Un día después, en la cárcel Modelo, se llama a los militares con el consabido requerimiento de servir a la República y todos guardan silencio. La Dirección de Seguridad reitera la orden de sacar más presos, especialmente militares, y en la madrugada del 5 salen de la cárcel de S. Antón dos camiones cargados, y de la Modelo otra larga expedición en la que forman parte el gran periodista Manuel Delgado Barreto, Director de La Nación; el futbolista del Real Madrid Monchín Triana, y el Jefe Territorial de F. E. de Galicia, Juan Canalejo. Y de la de Porlier otro más en la que iban el Magistrado Pablo Callejo y un Auditor de Guerra.
Mas para esta fecha -las tropas nacionales combatiendo en la Casa de Campo, la cárcel Modelo recibiendo proyectiles de artillería, y alojada en su 1.ª galería la 1.ª Brigada Internacional- el emplazamiento de Aravaca resultaba peligroso para los rojos, por lo que sus responsables eligieron otro para las ejecuciones masivas, a semejante distancia de Madrid pero al otro lado de la capital, el cementerio de Ribas-Vaciamadrid, sobre la carretera de Valencia. Previamente el Gobernador Civil de Madrid, el socialista Rubiera, había urgido al Alcalde de Ribas la apertura en su cementerio de tres zanjas de 5 x 2 x 2 metros y cuando pocos días después preguntó si ya estaban abiertas, respondió sencillamente el Alcalde: -Hechas y ocupadas. Exhumados los restos después de la guerra fueron llevados en su mayor parte a Paracuellos del Jarama.
El mismo día 6 toman los nacionales Campamento, Carabanchel, Cerro de los Ángeles y Villaverde. Huye a Valencia el Gobierno recién recompuesto por Largo Caballero. El Ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, a su paso por Tarancón, ordena por teléfono activar la evacuación de los presos de Madrid y parece que añadió: “pero evacuaciones definitivas”, lo que no debe sorprendernos en Galarza, que el 5 de agosto, en un mitin en Mahón había dicho con toda su “responsabilidad” de Ministro: -Tengo un gran sentimiento por la muerte del Sr.Calvo Sotelo. El sentimiento de no haber participado en ella.
La idea de Koltsov era sencillamente la de fusilar, y Castro Delgado, de cuya “fórmula” hemos hablado anteriormente, dijo ahora que más valía fusilar de más que de menos. En Madrid se encarga de ello enteramente desde esta noche el nuevo Delegado de Orden Público y sus acólitos, dependiente de la Junta de Defensa, que por encargo del Gobierno asume el poder en Madrid.
En la tarde de este mismo día 6 -poco antes o poco después de la toma de posesión del nuevo Delegado de Orden Público- hay nuevas y grandes sacas de las cárceles Modelo y de Porlier. Los organizadores ya habían abandonado también el campo de ejecuciones de Ribas-Vaciamadrid, sustituyéndolo por el de Paracuellos de Jarama, más adecuado para sus sangrientos propósitos, el cual acrecienta así, definitivamente, su ya por entonces trágico destino. Entre los sacados ahora de la Modelo se cuentan el General de Brigada Juan de Micheo y Asúa y el conocido Abogado Antonio Comyn.
El lugar elegido era entonces un paraje solitario al pie del Cerro de San Miguel en cuya cima se asienta el pueblo de Paracuellos, cercano al río Jarama, cerrado en el horizonte por una serie de cerros pelados, a 16-18 Kms. de distancia de Madrid, con caminos poco transitados y suelo arenoso y suelto, fácil de excavar. Existía allí el grupo de pinos que contemplamos dentro de su actual recinto, lugar sacratísimo, pues precisamente bajo esos pinos se detenían los camiones que transportaban a los presos, los hacían descender y allí aguardaban su turno, presenciando el fusilamiento de sus compañeros, rezando, llorando, confortándose recíprocamente, recibiendo bendiciones y absoluciones de los sacerdotes y religiosos que con ellos iban a morir.
Atravesaban el lugar, entrecruzándose, la carretera local de Madrid a Belvis y Cobeña y el arroyo seco de San José, junto a cuyo cauce se sitúa la capilla que hoy ampara con sus cultos la paz de los mártires. Acabada la guerra se desviaron las carreteras a su trazado actual, y el cauce del arroyo, se trazaron caminos y se valló el recinto, aislando y dignificando el Campo santo.
El 6 de noviembre se acercó a la cárcel Modelo el Fiscal del Tribunal Supremo Romualdo Montojo, hermano del Capitán de Fragata don Ubaldo, allí detenido, y la halló acordonada de milicianos y a filas de presos, embarcando en camiones para Levante según le dijeron. Al siguiente día consiguió llegar hasta la dirección de la cárcel, donde le informaron simplemente que los presos se sacaban para matarlos y le exhibieron un oficio de la Dirección General de Seguridad que decía: Sírvase V.S. entregar a las milicias... (ferroviarias o las que fueran) a los detenidos comprendidos en la adjunta relación para su traslado al Penal de San Miguel de los Reyes. Madrid, 6 de noviembre de 1936, el subdirector, Vicente Girauta Linares, pero al oficio no se acompañaba relación alguna, la estaban haciendo los milicianos, ficheros en mano, en el centro del abanico de la prisión.
En la madrugada del 7 hallamos, por el enorme número de inmolados, las mayores sacas del tremendo genocidio. Los presos fueron alistados y amarrados durante la noche, y fueron tan graves los hechos que sus ecos alcanzaron al Cuerpo Diplomático de Madrid, que además de reclamar al Gobierno -que contestó con una nota negando todo- hicieron venir de Ginebra un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, el doctor Henny, quien logró obtener de la Junta de Defensa la lista de los 1.600 sacados en esta ocasión de la cárcel Modelo, de los que solamente unos 300 llegaron a la de Alcalá de Henares; los 1.300 restantes fueron sacrificados en masa en Paracuellos. ¿Podemos imaginar lo horrendo del espectáculo?
El balance de este terrible episodio martirial, producido en breves horas de la mañana del día 7, referido exclusivamente a una “saca” de la cárcel Modelo, es el siguiente: España perdía de golpe mil trescientos hombres activos y útiles. Las Fuerzas Armadas de los tres Ejércitos, más Generales, Jefes y Oficiales que en ninguna de las sangrientas batallas de la guerra. La Iglesia, más de cuarenta religiosos y sacerdotes. Numerosas familias, a todos sus miembros varones. Quedaban viudas unas ochocientas mujeres, y huérfanos de padre, unos dos mil hijos de distintas edades.
Entre los ahora sacados encontramos muchos casos de padres e hijos y de hermanos, sacrificados juntos. El farmacéutico Luis Madariaga Moras y sus hijos Ángel y Luis Madariaga Cenedese, Abogados; los cuatro hermanos Antonio, Carlos, Emilio y José M.ª Paramés de Casa Buylla, de ellos dos Abogados, un Arquitecto y un Ingeniero; Gregorio Sáenz de Heredia y sus hijos José y Joaquín, estudiantes, de 21 y 20 años; el militar Francisco Serrano Alguacil y sus hijos Manuel y Alfonso Serrano y García-Ibáñez, también militares; él militar Enrique Sicluna Burgos y sus hijos Luis y Enrique, estudiantes de 23 y 16 años; el Abogado Mariano Soria Monje y sus tres hijos, Rufino, Mariano y Luis, de 24, 22 y 19 años; los hermanos Enrique e Ignacio Triana Arroyo, hermanos del antes nombrado Monchín, jugador del Real Madrid; y los hermanos Florencio y José Luis Vadillo Alcalde, estudiantes de 21 y 17 años.
En la misma expedición salieron también los Abogados Jesús Cánovas del Castillo, Agustín Minguijón (hijo del Catedrático aragonés de Historia del Derecho), Manuel Sarrión (del bufete de José Antonio), el ex Ministro de Trabajo de la República Federico Salmón, el estudiante de 16 años Manuel Ruiz Gómez y Ricardo de la Cierva Codorniú, padre del actual historiador.
Y los Tenientes Generales, José Rodríguez Casademunt y Jorge Fernández-Heredia Adalid (éste al parecer amarrado al Coronel de E. M. Francisco Zamarra Agustina); el Almirante Juan Magaz Fernández de Henestrosa, el General de Marina Esteban Martínez Cabañas, el Intendente Pedro Pombo y Romero Robledo; los Coroneles, de Artillería, Alfonso Cano Orozco; de Caballería, Victoriano Moreno Pérez-Brito; de Infantería, José Salcedo Cárdenas, y de E. M. Nicolás Prat Court, e infinidad de Jefes, Oficiales, clases e individuos de los cuerpos armados, como el Capitán aviador Juan Ponde de León, más seis padres Dominicos, cinco Agustinos, tres Escolapios, tres sacerdotes seculares, dos franciscanos, dos Paúles, un Canónigo de Alcalá de Henares y un miembro por cada una de las Ordenes de Redentoristas, Oblatos, Jerónimos, Pasionistas, Corazón de María y Hermanos Maristas.
En el mismo día 7 salió de la cárcel de San Antón otra enorme expedición, en la que figuraban numerosos militares, marinos y estudiantes: el Capitán de Navío Gabriel Ferrer Otero; Coroneles de Infantería Sinforiano Gómez Hernández y de Caballería José Góngora Rodríguez, el Capellán castrense Rogelio López Arribas y los Capitanes aviadores José Lorente Cancio y Guillermo Romero Hume, y otro militar, Carlos Hernández Herrera, con dos hijos estudiantes.
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« Respuesta #9 : Agosto 02, 2010, 11:50:39 pm » |
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Inmarcesible gallardía militar en la prisión de Porlier
En la galería 2.ª de Porlier entraron a las 6,30 de la tarde del 3 de noviembre 14 ó 15 milicianos armados hasta con bombas de mano, con el jefe de la checa de Bellas Artes (ahora de Fomento). Formaron en filas a los militares -así lo declara el también militar Jesús Sánchez Posada acabada la guerra- que tenía a su derecha al Coronel Pareja y a su izquierda al Coronel Valcázar. En medio de profundo silencio, firmes los detenidos, les pasan revista sus carceleros tomando nombres y graduación. Los recuentan: eran 162. Les arenga el jefe chequista: la Patria invadida por el fascismo está en peligro, todos deben defenderla y pide un paso al frente a los que quieran hacerlo. Sólo lo dan 4, un Coronel, un Capitán de la Guardia Civil, otro de Oficinas y un Cadete. Indignado el jefe grita: -¿No hay más? ¿Os negáis a luchar en defensa de la Patria? Interjecciones y blasfemias. -Por última vez lo digo... Nadie se mueve.
Se dirige a cabos y soldados, algunos dan el paso. Al soldado Arsenio Yelves Muñoz, le dice: -Eh, tú soldado!, ¡hijo del pueblo!, ¿por qué te quedas con esos canallas? ¿Te han coaccionado? El muchacho da un paso al frente, se cuadra y a su vez le pregunta: -¿en cuántos combates has participado tú, hijo del pueblo? ¿Por qué me mandas a luchar contra los míos? Ve tú, yo no voy. El mandamás queda desconcertado. Entonces el Capitán de la Guardia Civil y el Cadete que dieron el paso al frente, vuelven con sus compañeros. A ambos y al soldado los apalearon luego brutalmente.
Y el día 5, a la una de la madrugada, despojados de todo y atadas las manos a la espalda, la mayor parte de ellos salieron en camiones para Chinchilla, es decir, para el fusilamiento, probablemente en Ribas.
De esta misma cárcel de Porlier salió el día 7 otra expedición más reducida, con la variante de que sus víctimas se fusilaron en las tapias del Cementerio de la Almudena, entre ellas el Comandante de E.M. Emilio Pérez del Hierro. Exhumadas después de la guerra, sus restos se llevaron al Camposanto de Paracuellos.
Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz
En el campo de Paracuellos, llegados los camiones de presos al cruce de la carretera con la vereda de ganados paralela al arroyo de San José, se detenían junto al grupo de pinos, bajaban a los detenidos en grupos de 10 a 25 y siempre atados se les conducía a pie a unos 200 m. en dirección al cerro, junto al borde de las fosas. fusilándolos por piquetes de 30 ó 40 milicianos; luego se los arrojaba a ellas, algunos con vida, y los enterradores reclutados forzosos en el pueblo, los cubrían de tierra.
En la tarde del día 7 se prepararon nuevas listas para la muerte en las cárceles Modelo y de Porlier, sacando a los presos en la noche y en la madrugada del día 8, de la Modelo, como siempre, mayoría de militares y de estudiantes, amén de otros de distintas profesiones y oficios.
Y de la de Porlier otros muchos, Las expediciones de la noche del 7 al 8 de noviembre iban también destinadas a Paracuellos, más la magnitud de las precedentes había desbordado las previsiones de los responsables, hasta el punto de no tener fosas bastantes dispuestas en Paracuellos, donde permanecían sangrantes e insepultos los fusilados del día 7, hasta que en días sucesivos fueron obligados los vecinos del pueblo de Paracuellos, pistola en mano, a cavar nuevas y grandes zanjas, a las que arrastraron los cuerpos de los mártires mediante garfios y cuerdas, tirados por caballerías.
En consecuencia, los dirigentes encaminaron las expresadas expediciones a otro lugar próximo, el del castillo o Soto de Aldovea, término de Torrejón de Ardoz, donde una antigua y grande acequia en desuso, con más de 150 m. de longitud, les sirvió para sepultar a estas víctimas, fusiladas al borde de la acequia. Acabada la guerra se construyó un monumento en el lugar, se exhumaron con toda formalidad los 414 cadáveres, de los que sólo algunos pudieron ser identificados, y se trasladaron en féretros individuales al Camposanto de Paracuellos.
Protesta diplomática. Breve interrupción de las “sacas”
La extrema gravedad del crimen continuado en los días 6 a 8 de noviembre tampoco pasó desapercibida para los diplomáticos extranjeros en Madrid, que puestos en movimiento, investigaron los hechos y protestaron con energía ante la Junta de Defensa. Entre los diplomáticos, siempre respaldados por su Decano el Embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, hemos de destacar por su eficacia, tenacidad y energía al Encargado de Negocios de Noruega, Félix Schlayer, alemán de nacionalidad; además de obtener la presencia de la Cruz Roja Internacional de que antes hablamos, Schlayer con el Doctor Henny se trasladaron a los campos de muerte, excavaron, obtuvieron fotografías y testimonios, visitaron las prisiones y a la Junta de Defensa.
A causa de la intervención diplomática, temiendo un escándalo mundial, se interrumpieron por entonces las sacas y matanzas y los presos que quedaban en la Modelo, unos 5.000, fueron evacuados entre los días 14 a 16 de noviembre a las prisiones de Porlier, San Antón y Ventas, hacinándolos en ellas. Breve paréntesis, porque con redoblada osadía reanudaron la sangrienta tarea en Porlier el día 17 y allí no la interrumpieron hasta el 4 de diciembre, en el que el nuevo Delegado de Prisiones de Madrid, el sevillano Melchor Rodríguez, anarquista, hombre de energía, gran corazón y sentimientos humanitarios -si bien desgraciadamente no exento de antecedentes criminales como jefe del grupo “Los Libertos”- cortó radicalmente las sacas. Mas no pudo evitarse que el avión francés en el que el representante de la Cruz Roja regresaba a Ginebra vía Toulouse, con informe, documentos y fotografías, fuera interceptado en vuelo por un caza rojo pudiendo tomar tierra cerca de Pastrana con tripulantes y pasajeros heridos, entre ellos el Doctor Henny.
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« Respuesta #10 : Agosto 02, 2010, 11:52:18 pm » |
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Se reanuda el genocidio. Checas carcelarias. D. Pedro Muñoz Seca
Fue la cárcel de Porlier la escogida para entregar nuevos presos maniatados a las fosas de Paracuellos desde el día 17 y sucesivos, con sus noches, hasta el día 22 en que las otras prisiones vuelven a su negra actividad. De Porlier salieron ahora muy diversas personas.
Por estos días aparece un nuevo centro carcelario, enviando en masa a sus detenidos a la muerte, el llamado cuartel o checa “Spartacus”, establecido por el Comité rojo de la Guardia Civil en un convento de la calle de Santa Engracia. Servía de prisión a los miembros de aquel Instituto que consideraban desafectos, y en la tarde del 19 de noviembre “sacaron” dos centenares de Jefes, Oficiales, clases y números, con pretexto de traslado a Guadalajara, pero realmente para fusilarlos en las tapias de los cementerios de la Almudena y de Vicálvaro.
En San Antón hay otra nueva saca el día 22, más reducida y aparecen en las prisiones diversas checas dispuestas a interrogar y decidir sobre la vida de los detenidos, con procedimiento elemental para el que disponían a veces de informaciones de la Dirección General de Seguridad: el preso comparecía en pie ante la mesa en la que tomaban asiento dos o tres o cuatro milicianos de Vigilancia de Retaguardia, jóvenes que no iban al frente -pistolas abundantes, cazadoras de cuero, correajes y cinturones repletos de balas al estilo mejicano-. De entrada ponían el cañón de la pistola en la nuca o la sien del interrogado: - “¡Si no lo confiesas todo ya sabes lo que te espera!”, amenazan, insultan, blasfeman, preguntan o afirman cosas absurdas; para ellos, católico equivalía a fascista, ir a misa, a enemigo del pueblo, creer en Dios, un fanatismo del clero, etc., en pocos minutos terminaba el “juicio” en el que casi exclusivamente hablaban ellos.
De este modo el día 24 en la cárcel de Porlier quedaba preparada otra grandísima lista para Paracuellos, centenares de presos de todas edades, profesiones y oficios -ya estaban más que diezmados los militares y estudiantes.
En los siguientes días, 25, 26, 28 y 29 hay nuevas sacas masivas de Porlier, en las que se incluye, casi al completo a una conocida familia madrileña, la del Notario, Alejandro Arizcun Moreno, 56 años, con sus cuatro hijos: Ramón, 28 años, Ingeniero; Francisco, 26, Abogado; Luis, 24, Médico, y Carlos, 17, estudiante.
En San Antón una gran saca el día 27, en la que fue el fotógrafo de prensa José Calvache, y otra mayor el día 28, la más conocida de esta prisión, por su número y por comprenderse en ella a D. Pedro Muñoz Seca, amarrado al P. Guillermo Llop, Prior de los Hermanos de San Juan de Dios de Ciempozuelos, quien se despidió de sus religiosos con un simple: -Hasta el Cielo.
La orden que autorizaba esta saca decía: D.G. de Seguridad. -Sírvase poner en libertad a los presos que se mencionan en la hoja adjunta y hoja 2.ª- Madrid, 27 de noviembre de 1936. El Delegado de Orden Publicó: firmado- Serrano Poncela, y comprendía un total de 110 nombres, entre ellos, además de Muñoz Seca y el Padre Llop, al Provincial de los Agustinos de Castilla, Avelino Rodríguez, con doce religiosos de su Orden, de quien se sabe que ya al borde de las fosas de Paracuellos absolvió y abrazó a sus compañeros de martirio. Y catorce Hermanos de San Juan de Dios: el Padre Juan Jesús Adrados, Maestro de Novicios, y otro Padre más con cinco Hermanos de la Comunidad, entre ellos el Hermano Clemente Díaz, de 75 años, cuatro novicios, dos postulantes y un donado. Y el artista-pintor José M.ª Angoloti, de 69 años, y los hermanos Diego y Manuel MacCrohon Jarava, de 23 y 24 años.
En San Antón el día precedente a esta gran saca, se percibía ya la tragedia por la presencia de nuevos milicianos y la agitación en oficinas y portería. Muñoz Seca, que a veces lograba acceso a despachos oficiales, tuvo conocimiento de lo que se preparaba, incluso de las listas, en las que leyó su nombre. Su primera medida fue la de confesar con el Padre Tomás Ruiz del Rey, a quien dijo sencillamente: -Padre, mañana nos matan; arreglemos nuestra alma con Dios. Escribió a su mujer: -Queridísima Asun: Cuando recibas estos renglones estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento... Y al fin esta postdata: -Como comprenderás voy muy bien preparado y limpio de culpas. A Francisco Javier de Burgos, también preso, le dijo: -Se me acusa de monárquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo también...
A las cinco de la madrugada, alboroto de ruidos y griterío. Milicianos con linternas, fusiles y pistolas leyendo una primera lista: -¡Atención! ¡Oído a la lista! Y nombres y más nombres. -¡Los nombrados que recojan todo y bajen a la portería! A las 7 ya están en la calle de la Farmacia subiendo a los camiones, las manos atadas a la espalda y sin equipaje. Y a las 8 vuelven las voces y nueva lista, la de Muñoz Seca. Angustia y despedidas, los sacerdotes no dan abasto para las absoluciones. Se grita: -¡Pedro Muñoz Seca, al rastrillo para marchar!; el nombrado abraza estrechamente a sus compañeros Guillermo Marín y Cortés Cabanillas. Va con un abrigo puesto y otro al brazo, en la mano una maleta. Al pasar el rastrillo le arrebatan la maleta y el abrigo del brazo, las gafas que se estrellan en el suelo, el reloj, la cartera, las fotos y recuerdos familiares. Le atan las manos a la espalda. A las 10 de la mañana la expedición con el M. R. P. Llop, que dice al paso a un novicio: -Vea cómo vamos, van a matar a todos. Que los hermanos se preparen.
La expedición parte en los camiones, camino de Paracuellos. Y todavía otra expedición al mediodía, si bien en esta ocasión, por misericordia divina, llega a salvo a la prisión de Alcalá de Henares. Era don Pedro Muñoz Seca natural del Puerto de Santa María, 55 años, casado con doña Asunción Ariza, 9 hijos, creyente fervoroso, funcionario del Estado, autor de infinidad de obras teatrales (comedias, sainetes, juguetes cómicos), desde “La venganza de Don Mendo” a las del tiempo republicano, con pinceladas de ironía política (“La Oca”, “Anacleto se divorcia”, “Jabalí”, “La cartera de Marina”, etc.).
Se hallaba con su mujer, al comenzar la guerra, en Barcelona, donde el 17 de julio estrenó en el Poliorama la que iba a ser su última comedia, “La tonta del rizo”, con la compañía de Arturo Serrano e Isabelita Garcés. Pronto comenzó despiadada persecución contra él. En A B C del 25 de julio se leía: Por algo se empieza. Muñoz Seca, declarado cesante. Los famosos actores Irene López Heredia y Mariano Asquerino, también en Barcelona, tratan de amparar al matrimonio acomodándolo en la pensión “Claris” de la vía Layetana, hasta que en la tarde del 29 entra una partida de milicianos, Capitaneados por el actor Avelino Nieto, se lo llevan a la Jefatura de Policía y de allí a Madrid por Valencia, con su esposa, pero en conducción ordinaria.
El 6 de agosto ingresa en la cárcel de San Antón, en la que según Cortés Cabanillas fue acaso el preso más relevante y admirado, a la vez que uno de los más vejados y maltratados. Allí encuentra a sabios Agustinos, como el Padre Zarco, el escritor Julián Cortés Cabanillas, a los actores Ricardo Calvo y Guillermo Marín. Pelan patatas, limpian lentejas, rezan el rosario, forman inacabables tertulias, comparten su fe en el triunfo y cuando lo permite la vigilancia miliciana recitan poesías patrióticas -hoy ignoradas de nuestras juventudes-, la “Marcha Triunfal”, de Ruben Darío; “El Divino Impaciente”, “En Flandes se ha puesto el sol”, con aquella sentencia tremenda de Marquina: - “¡Por España! y el que quiera defenderla, honrado muera; y el que, traidor, la abandone, ni en la tierra santa cobijo, ni una cruz en sus despojos, ni las manos de un buen hijo para cerrarle los ojos!”. Hizo gran amistad con los Hermanos de San Juan de Dios, y en un momento de humor que nunca le faltaba, escribió en la gramática inglesa en que estudiaba un novicio: - “Querido Román Martín: más que estudiar el latín debes estudiar inglés, que en este mundo, ya ves, el latín tiene mal fin”.
Con harta asiduidad recibía la visita, con aire de protección de un tal Pedro Luis de Gálvez, casado con la actriz Carmen Sanz, seudo poeta, más siniestro que grotesco, y al decir de Cortés Cabanillas rufianesco, aventurero de la peor calaña, sucio de cuerpo y de alma, personaje tan abyecto que para sacar dinero a los conocidos, llevó envuelto en periódicos a un hijito recién fallecido al café de Fornos, poniéndolo sobre una mesa. El desdichado hampón halló su hora en los medios revolucionarios y sin pertenecer a partido alguno, como tuerto en tierra de ciegos, se hizo capitán de milicianos, luego Comandante de Carabineros, tenía automóvil con chófer y siempre en la retaguardia y ebrio, estaba presente en los episodios más tenebrosos y sangrientos, fusilamientos, asalto a la cárcel Modelo, selección de presos para las sacas. “Capitán Saltatumbas”, le llamaba Antonio Paso, quien valiéndose de este tipo, llevando a la mano a su hijo Alfonso, y acompañado también de cierta peluquera amiga de Gálvez (a la que había hecho Alférez de Carabineros, con uniforme, correaje y documentación), consiguió visitar en San Antón a Muñoz Seca, interesándose por su suerte. Al despedirse, advirtió el seudo poeta a los milicianos, refiriéndose a don Pedro: -¡Cuidármelo! ¡A éste no lo mata nadie más que yo! ¿Verdad Pedro?; a lo que el interesado respondió irónico: -Honradísimo, Gálvez, honradísimo. Antonio Paso, encarándose con el rufián, le anunció: -Si algo le pasa a Muñoz Seca tú tendrás la culpa y lo pagarás muy caro. Muñoz Seca abrigaba cierta esperanza en la ayuda del miserable en caso de extrema necesidad, pero en los días inmediatos al 27 de noviembre, ni apareció por la prisión, ni fue posible localizarlo.
Las últimas “sacas”
De la prisión de Ventas sacan el mismo día 28 otra expedición y una más de la de San Antón el día 29, en la que forman entre otros, el Abogado, José M.ª del Sol Jaquotot y sus hijos estudiantes José M.ª y Luis, de 20 y 18 años, y Arturo Soria, creador de la Ciudad Lineal. Y se prosigue al día siguiente 30 con otra enorme saca de más de 250 presos, en la que sucumbe la flor de la provincia agustiniana de Castilla, encabezados por el M. I. P. Mariano Revilla, Asistente General, y 51 religiosos, de ellos 25 Padres, 20 estudiantes o novicios y 6 hermanos. De los primeros, 5 eran Académicos de la Real de la Historia y 17 Profesores de Universidad. Marcharon con extraordinario fervor, ejemplarizados por el Padre Asistente General. Con ellos fueron otros 7 religiosos de San Juan de Dios, entre los cuales los Padres Diego de Cádiz García y Román Toncada, Secretario General y Vice-Rector respectivamente, quienes en emocionante acto de catacumbas confirieron la profesión “in artículo mortis” a sus novicios. Y también un hombre modesto y bueno, Agustín García Fuentes, portero de la casa en que vivió don José Calvo Sotelo (Velázquez, 89). En la cárcel de Ventas, nueva y numerosa saca el mismo día 30.
Así concluye el trágico noviembre, mas no el diario drama de las sacas carcelarias, prolongadas durante los cuatro días primeros de diciembre. De San Antón las hallamos en los cuatro expresados días, si bien más reducidas en número de víctimas, y de la de Ventas otra expedición con 64 mártires el día 2 y otra, la última en esta cárcel, el día 3, con 60 presos.
Pero de donde obtienen más sangre mártir en estos días es de la cárcel de Porlier, en la que no interrumpen su tarea los chequistas, enviando a las zanjas de Paracuellos nuevos presos los días 1 y 2 y más aún el 3, entre cuya noche y la mañana del 4 salieron las tres últimas expediciones del magno genocidio. Las dos primeras -a las 2 y las 5 de la madrugada- cayeron en Paracuellos, en tanto que la tercera, a las 7,30, por la gracia de Dios llegó salva, aunque con sobresaltos, a la prisión de Alcalá de Henares.
El instrumento de que se valió el designio divino para poner fin a tan prolongado martirio lo fue el antes citado Melchor Rodríguez, quizá sin sospecharlo él mismo, realizando el milagro de acabar con el río de sangre que a diario empapaba la arena de lo que ya era CAMPOSANTO DE MÁRTIRES.
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« Respuesta #11 : Agosto 02, 2010, 11:53:43 pm » |
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Síntesis del gran holocausto
¿Cuántas víctimas reposan en este lugar? En ningún tiempo será posible señalar cifras exactas, por las razones apuntadas al comienzo de este trabajo, mas no será difícil obtener número aproximado, con nombres, fechas y procedencias. Por ahora me atrevo a afirmar que el número de sepultados en Paracuellos, incluidos los llevados de Boadilla del Monte, Ribas-Vaciamadrid, los 414 de Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) superan con mucho las cifras señaladas por ciertas monografías recientes, si bien no tan elevadas como las que nosotros hemos utilizado a veces. El número de OCHO MIL TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO mártires que expresa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga en su importantísima obra Los presos de Madrid (Madrid 1940), puede ser el más aproximado hasta ahora.
Las zanjas en que se sepultaron tantos miles de mártires eran descomunales, terroríficas, sin precedentes ni comparación con cualquier otro episodio de la Cruzada. Siete en total, la mayor la n.º 4 (mártires del 9 y 24 noviembre y otros desconocidos) con 160 X 4 m.; la n.º 6 (mártires del 3 y 4 diciembre y otros desconocidos), tiene 120 X 8 m.; la n.º 5 (mártires del 28, 29 y 30 noviembre) 80 X 8 m.
Tal es, en síntesis, la historia trágica y gloriosa de los Mártires de Paracuellos de Jarama, el más grandioso holocausto católico de todos los tiempos en España, uno de los mayores de la historia de la Iglesia Universal. Inicua y gigantesca carnicería de hombres inermes, indefensos, plenos de espíritu cristiano y patriótico, para la que los responsables no se preocuparon siquiera de buscar pretexto y en la que desde luego no hubo la más mínima participación popular, como tampoco la hubo en las matanzas generales que antes hemos referido. El pueblo de Madrid ignoró los hechos hasta que concluida la guerra se supo la verdad con todo su horror y toda su grandeza. Todo estaba perfecta, diabólicamente dispuesto por los órganos de poder, desde el Ministerio de la Gobernación a la Dirección General de Seguridad y desde la Junta de Defensa a su Delegado de Orden Público. Las órdenes y listas de salida de las prisiones, la conducción de los presos en autobuses de la Empresa Municipal o en camiones de servicio oficial, la apertura de zanjas, los piquetes preparados con abundancia de armas y de municiones, todo estaba previsto y ordenado de antemano, sin que nadie desde el poder se opusiera, cuando más tarde se demostró que un solo Delegado de Prisiones, por sí mismo, pudo poner fin en un instante al inmenso crimen contra el Derecho de Gentes.
El precipitado Arsenio de Izaga, que convivió en prisión con los mártires, escribió a propósito de Paracuellos: “Cuadro espantoso aquel cuadro... espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad. sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir”....“Yo que conocí el temple de sus pechos, lo adiviné cuando vi que salían de la prisión con el resplandor de los elegidos... Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza. Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles. Todos recibían la helada caricia de las balas como el galardón eterno que el Cielo les tenía prometido y el beso que la Patria imprimía en sus frentes de Cruzados. Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!.”
Gloriosa memoria de los Mártires de Paracuellos y de la Cruzada
Concluida la guerra los mártires de Paracuellos recibieron durante muchos años el testimonio de devoción de los madrileños y de las altas representaciones de la Iglesia y del Estado. Así por ejemplo en 5 de octubre de 1941 el Obispo Eijo Garay bendecía la Capilla provisional del Camposanto, celebraba la Santa Misa y dirigía emocionadas palabras a los fieles; el 15 de octubre del año siguiente, el Regimiento de Caballería núm. 1 de Alcalá de Henares, con el General de la 1.ª Brigada y su Coronel al frente, rendía tributo a los Mártires, al decir del Coronel, “-Con una plegaria como cristianos y honores con las armas como militares”; y el Consejo Diocesano de Jóvenes de A. C. organizaba en Paracuellos el 25 de noviembre de 1951 un gran acto nacional de fidelidad a los Mártires.
Mas hemos visto cómo, a partir de los años sesenta. el silencio y el olvido de quienes más obligados están hacia los Mártires ha caído sobre su memoria y sobre la tierra que cubre sus sagrados restos, como si jamás hubieran existido, en el tiempo en que se deterioran los valores por los que aquellos murieron, se padece confusión religiosa y se degrada la moral pública y privada. Tan sólo la Hermandad de Ntra. Sra. de los Caídos de Paracuellos de Jarama mantiene su devoción a estos Mártires.
No pretendo entrar en el análisis de las causas, pero me atrevo a pensar que la señal de restauración de la Iglesia y de España vendrá dada por la renovación de la santa memoria de estos Mártires y de todos los de la Cruzada, es decir, cuando nuestra superior Jerarquía eclesiástica llegue al Camposanto de Paracuellos, como lo hiciera el Doctor Eijo Garay, y después de besar su tierra mil veces santa, celebre solemnes Oficios a la mayor gloria de aquellos elegidos de Dios, y cuando los altos dignatarios de la Nación rindan de nuevo homenaje a los héroes que allí reposan.
Un rayo de esperanza hallamos en la reciente declaración martirial de las tres Carmelitas de Guadalajara, cuya beatificación solemne se anuncia para el 29 de marzo en Roma, si es que a continuación se prosiguen las Causas de tantos miles de Mártires de la Cruzada, cuyos méritos no son inferiores a los de aquellas santas religiosas. En tanto, y cuando más oscuro contemplamos el horizonte, encomendémonos a esta gloriosa constelación de los Mártires, ellos son nuestros mejores aliados en el Cielo, de donde procede todo poder, y el suyo de intercesores de la divina gracia es tan grande como lo fuera su sacrificio.
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